El mundo secreto del Opus Dei/Política y negocios

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POLÍTICA Y NEGOCIOS

En diciembre de 1985 un tribunal de Munich concedió al Opus Dei un interdicto para prevenir la publicación de un libro en el que se afirmaba que algunos miembros del mismo habían trabajado con los escuadrones de la muerte en Chile. La acusación de que el Opus apoya a regímenes militares en Latinoamérica se la hacen con frecuencia los críticos de la organización, y ésta lo niega acaloradamente.

La acusación no desaparece. De varias maneras les acusan académicos, periodistas y clero católico. El profesor Brian Smith, por ejemplo, que enseña política en el Massachusetts lnstitute of Technology, en su libro "The Church and Politics in Chile" (1982), considera que el Opus es una de las fuerzas desilusionadas por el modesto liberalismo del presidente Eduardo Frei entre 1964 y 1970, y afirma que sus miembros estuvieron entre los primeros administradores principales del brutal y opresivo régimen militar del general Pinochet, que, en septiembre de 1973, derrocó al Gobierno socialista del sucesor de Frei, Salvador Allende (Brian Smith, "The Church and Politics in Chile". Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press, 1982, págs. 139 y 338).

El boletín informativo latinoamericano "Noticias Aliadas" fue más explícito. En diciembre de 1975, cuando lo dirigía un sacerdote católico, publicó un reportaje en el que se afirmaba que el Opus en Chile había recibido fondos de fundaciones conservadoras estadounidenses ya en 1962; que organizaba a los terratenientes en contra de las modestas reformas agrarias de Frei y que ayudaba a crear, con dinero de la CIA, la Sociedad Nacional de Agricultura, que se oponía a los sindicatos que habían llevado a Allende al poder ("Noticias Aliadas" se publica en Lima. El número del que se han tomado los comentarios es de fecha de 4 de diciembre de 1975). Penny Lernoux, un escritor afincado en Bogotá, afirma: "El Opus Dei y 'Patria y Libertad' (un grupo terrorista de ultraderecha) trabajaron juntos en Chile durante los años de Allende, y el general Juan Carlos Onganía, dictador de Argentina de 1966 a 1970, tomó el poder después de hacer un retiro religioso auspiciado por el Opus Dei" (Penny Lernoux, "Cry of the People". Nueva York, Doubleday, 1980, pág. 305).

Camilo Torres, un sacerdote colombiano convertido en revolucionario, escogió la lucha armada contra el Gobierno de su país después de su fracaso por alcanzar una mayor justicia social por medios democráticos. Le dispararon en febrero de 1966. El oficial encargado de la brigada que mató a Torres, convirtiéndole así en una especie de Che Guevara eclesiástico y un héroe para los radicales católicos de Latinoamérica, es ahora general. Dirige una revista del Opus en Bogotá. Pero sigamos en Colombia. Durante la campaña para las elecciones presidenciales en los primeros meses de 1986, "PROMEC", la cadena de Televisión propiedad de miembros del Opus, apoyó al más conservador de todos los candidatos conservadores, excesivamente pro americano y totalmente opuesto a hablar de paz con los movimientos guerrilleros del país. No ganó.

A mayor escala, Penny Lernoux afirma también que la agencia de ayuda germano-católica "Adveniat" "remplazó gradualmente a la CIA en los años setenta, como patrocinadora de los regímenes militares", y que "Adveniat" estaba controlada por obispos simpatizantes del Opus. (Uno de los miembrOS de la jerarquía alemana, el cardenal Hoffner, arzobispo de Colonia, intentó en agosto de 1984 entregar una parroquia de su diócesis a dos sacerdotes del Opus. Fueron tan grandes las protestas de los feligreses, que tuvo que abandonar el intento.) Más afirmaciones de conexiones entre el Opus y la CIA hicieron en el diario norteamericano "Mother Jones"de julio de 1983. Después de repetir la acusación de Lernoux de que el Opus y Patria y Libertad estaban relacionados y de añadir que el último, unido finalmente a la Policía Secreta de Pinochet, recibía fondos de la CIA, el autor del artículo, Martin Lee, proseguía que el dinero de la CIA mantenía un "depósito de pensamiento" del Opus, el Instituto Chileno de Estudios Generales.

En cuanto se hacen estas sugerencias, sin embargo, el portavoz del Opus y sus apologistas niegan rotundamente que la organización tenga, como tal, nada que ver con la política. Sin duda, hay una contradicción entre su afirmación y la percepción de otra gente. Los miembros del Opus dicen que todo es una invención de los que desean perjudicarle y al menos esto ciertamente se les ha de conceder: de los entrevistados para este libro que hayan tenido conocimiento del funcionamiento interno del Opus, todos han negado que se les dijera en qué sentido tenían que votar, o que fueran abiertamente sometidos a propaganda derechista. Tampoco en América Latina hay evidencia indiscutible de apoyo directo del Opus como organización a dictaduras militares ni a cualquier otra forma de gobierno, de derechas o no. Pero ésa no es toda la historia.

De los supuestos ejemplos del compromiso político del Opus, el caso de España (donde se cree que son unos 35.000 miembros, aproximadamente un cuarenta por ciento de todos los miembros de la organización) es el más evidente y, en consecuencia sin duda, el mejor documentado y más ampliamente estudiado. Nadie discute que desde mediados de los sesenta hasta comienzos de los setenta, el general Franco escogió un número de ministros de las filas de los miembros del Opus. La mayor parte de comentaristas considerarían el número de ministros del Opus a la vez como sorprendentemente grande. El Opus puede discutir el significado de este hecho, pero es un hecho. Mucha más controversia origina, sin embargo, dilucidar si el Opus pretendía tomar el control del Estado en España, o si fue una coincidencia el que tantos miembros fueran llamados a cargos de gobierno. El Opus quisiera, por supuesto, que uno aceptase la última interpretación, pero es difícil creérsela. Además, ha sido expresamente negada por Raimundo Pánniker, y él estaba en posición de saberlo.

A finales de los cuarenta, Pánniker era el director de "Arbor", revista insignia del Consejo Superior de Investigaciones científicas. Fue el grupo de intelectuales del Opus en torno a "Arbor", y del CSIC en general y en particular de "Rialp", la editorial del Opus fundada en 1947 por Calvo Serer, el que se convirtió en notable de la política española. Una tesis doctoral escrita para la "New School of Social Research" de Nueva Yotk sostiene que el libro de Calvo Serer "La dictadura de los franquistas", publicado en París en 1973, proporciona amplia evidencia de que los miembros del Opus actuaban unidos y conspiraban en el esfuerzo de acercarse al poder en España, aun cuando él lo niegue (José Vicente Casanova, The Opus Dei Ethic and the Modernization of Spain". Tesis doctoral no publicada, New York New School of Social Research, 1982). Pánniker es muy contundente: según él, se proponían ver si podían asumir el mando del Estado español..., y casi lo consiguieron.

El desplazamiento hacia las posiciones del Gobierno comenzó en 1951, en el momento justo en que la influencia del Opus en España parecía estar a punto de declinar debido al relevo de Ibáñez Martín como ministro de Educación por Joaquín Ruiz Jiménez, un católico leal, pero con opiniones liberales sobre política y cuestiones sociales. Este inició una breve liberalización del régimen de Franco, que incluía el establecimiento de un Ministerio de Información y Turismo. Un miembro del Opus se convirtió en el primer director general. Villar Palasí, que tenía estrechos vínculos con el Opus, se convirtió en su secretario técnico. La información era una inquietud obsesiva del Opus: sus elevadas posiciones en el nuevo Ministerio dieron a estas dos personas un control considerable sobre la censura, una cuestión candente en España hasta el final de la era de Franco, y sobre la propaganda del régimen en emisoras y en la Prensa.

La carrera de Villar Palasí fue típica de la forma en que los miembros se ayudan los unos a los otros y a sus amigos. En 1962 llegó a subsecretario de Comercio, un puesto para el fue nombrado por Alberto Ullastres, anteriormente catedrático de Economía de la Universidad de Madrid, pero desde febrero de 1957 ministro de Comercio de Franco. Después de tres años sirviendo en el Ministerio de Comercio, Villar Palasí pasó a dirigir el Instituto de Estudios Administrativos situado en el Centro de Funcionarios Civiles, en Alcalá, no lejos de Madrid. Este Instituto era idea de otro miembro del Opus, Laureano López Rodó. López Rodó era abogado, anteriormente catedrático de Derecho administrativo de la Universidad de Santiago, y ejercía el Derecho asociado con otro miembro del Opus en Santiago, quien, en 1956, se convirtió en secretario técnico general de la Presidencia del Gobierno, una especie de secretario del Gabinete. Éste fue un puesto de nueva creación por el que él mismo había abogado en un artículo, aunque Calvo Serer afirmaba que había sido su influencia lo que ayudó a López Rodó a conseguir el cargo. Desde su puesto pudo dinamizar, o modernizar, la burocracia del Gobierno español sin cambiar su postura política, absolutamente conservadora. Realmente, López Rodó creía que las economías modernas, y especialmente aquellas con un rápido desarrollo, eran demasiado complejas para otra clase de gobierno que no fuera uno fuertemente autoritario.

Gregorio López Bravo estaba asimismo muy comprometido en el proyecto demodernización. Había entrado en el Gobierno en 1959, cuando Ullastres le nombró director general de Comercio Exterior. Se convirtió en una figura clave en el control del comercio exterior en un momento en que todavía Ullastres era ministro de Comercio y otro miembro del Opus, Navarro Rubio, ministro de Hacienda. En 1962 el mismo López Bravo se convirtió en ministro de Industria, un puesto que mantuvo hasta 1969, cuando llegó a ministro de Asuntos Exteriores. Duró más tiempo que Ullastres, su antiguo jefe y que Navarro Rubio, quienes dejaron el Gobierno en 1965, aunque en aquel momento López Rodó fue nombrado ministro.

El Opus estaba comprometido con la modernización de la economía española a través de otros medios, y quizá muy particularmente a través de su altamente competente Escuela de Empresariales de Barcelona, fundada por dos miembros en 1958 con el respaldo del "Banco Popular" con su presidente del Opus Dei. Según un miembro desilusionado, Alberto Moncada, el "Banco Popular" también respaldó a ESFINA, una compañía financiera establecida en 1956 con Ullastres como su primer presidente, para cuidar de los asuntos de negocios y de inversión del Opus. Curiosamente, la mayor parte de sus propias actividades económicas no estaban en el sector industrial, que los ministros del Opus estaban promoviendo activamente, sino en el sector de servicios, en la Banca, por ejemplo, y particularmente en información, con diarios y una agencia de noticias. Pueden haber considerado el sector de servicios como el de más probabilidades de ofrecer un crecimiento real, o se sintieron atraídos por las oportunidades que ofrecía para propaganda y control.

Se tiene que comprender bien esto. Los portavoces del Opus insisten en que la organización es puramente espiritual. Como tal, ni tiene ni puede tener Bancos bajo su control, publicar ningún periódico, ni actuar en política. Para evitar confusiones, pues, debe entenderse que el término " Opus Dei", al hablar del control de negocios o publicaciones, es simplemente una referencia para indicar individuos que casualmente son también miembros del Opus Dei. Así, por ejemplo, no sería exacto decir que eran miembros del Opus Dei "Europa Press", una agencia de noticias; Nuevo Diario, un periódico de Madrid; Mundo Cristiano, una revista religiosa, o Telva, una revista femenina (que antes de los acontecimientos de septiembre de 1971, referidos en las páginas siguientes, había publicado un artículo sobre la traducción de Camino al chino).

Lo que es más significativo de todo esto es la forma en que miembros del Opus se ayudaban unos a otros a pesar de antipatías personales circunstanciales (por ejemplo, Navarro Rubio criticaba a López Rodó) y discrepancias políticas (Calvo Serer apoyaba a don Juan como sucesor de Franco; López Rodó y Valls Taberner -aunque ambos, afirma Calvo Serer, apoyaban al principio a don Juan- finalmente se pasaron al lado del Príncipe, ahora Rey, Juan Carlos, hijo de don Juan). El grado de influencia y el factor "conspiración" no pueden dejar de haber sido fomentados por la proximidad en que vivían algunos de los más poderosos funcionarios del Estado español. Laureano López Rodó, cuya larga carrera en el Gobierno ha sido esbozada más arriba; Jorge Brosa, director del Banco Español de Crédito", el mayor Banco del país, y Luis Valls Taberner, presidente del "Banco Popular", residían en la misma casa del Opus. ¿De qué hablaban después de sus oraciones nocturnas?, se ha preguntado un crítico (Artigues). (La respuesta, desde luego, debería ser: de nada. Si eran buenos miembros del Opus y observaban las reglas, deberían observar el gran silencio desde las oraciones de la noche hasta el desayuno del día siguiente.)

Desde sus varios puestos de influencia, los miembros del Opus se dedicaron a una más que considerable modernización del Gobierno español, de instituciones financieras e industriales, que fue muy beneficiosa y que debió haberse hecho mucho antes. Sin embargo, no intentaron cambiar las estructuras poíticas. Según la regla número 7 de la Constitución del Opusde 1950, "observan con el mayor respeto las leyes 1egítimas de la sociedad civil" en la que se encuentran. Por sus esfuerzos por mejorar la situación económica de España, se podría argumentar que ayudaron de forma significativa a preservar el statu quo político, proporcionando un nivel de vida bastante mejor, en particular a la clase media. Aunque Calvo Serer más tarde se proclamó socialista (y su ejemplo es citado por los miembros del Opus para demostrar su pluralismo político), lo que escribió en el diario madrileño ABC, no habría de dejado de gustar a Franco: "La libertad de conciencia lleva a la pérdida de fe. La libertad de expresión a la demagogia, a la confusión mental y a la pornografía. La libertad de asociación a la anarquía y al rechazo del totalitarismo" (Citado en Hermet op. Cit., vol. 1, pág 113. El libro de Hermet apareció originariamente en francés pero di con la versión española). El valor principal del Opus para Franco estribaba en que era un movimiento innegablemente católico que le daba el apoyo que la Iglesia española había dado tradicionalmente a los gobernantes conservadores del país y que los obispos estaban a punto de retirarle al régimen. Lo hicieron de forma muy dramática en la Asamblea Conjunta.

La Asamblea era una reunión de obispos y de representantes del clero de cada diócesis de España, que se reunió en la semana que comenzó el 13 de septiembre de 1971. Casi un tercio de todos los obispos de España había sido nombrado entre 1969 y 1971. En su elección habían influido el nuncio, monseñor Luigi Dadaglio, y su predecesor, Antonio Riberi, enviado a Madrid en 1962. Riberi, por su parte, había sucedido al arzobispo, y más tarde cardenal. Ildebrando Antoniutti, admirador del Opus que, al parecer, llenó la Nunciatura de Madrid de miembros de la Obra. Riberi indicó a Paul Hofmann, cuando era corresponsal del "New York Times" en la capital española, que era imposible hablar abiertamente en presencia del personal doméstico, y que ya había remplazado a "monjas" del Opus, en frase de Hofmann, que trabajaban en la centralita y de quienes sospechaba que escuchaban las conversaciones telefónicas. (Paul Hofmann, "Anatomy of the Vatican", Londres, Hale, 1985, págs. 229-230. Las páginas 229-235, tituladas "El pulpo de Dios", y el siguiente apartado hasta la página 242, "Apostolado de la penetración", ambos tratan del Opus).

El Concordato, o tratado entre el Vaticano y España, daba al Gobierno español derecho al veto en la designación de obispos para la diócesis. A pesar de este control teórico sobre el nombramiento de obispos, los dos nuncios, Riberi y Dadaglio, consiguieron transformar la naturaleza delepiscopado en un grupo de hombres mucho más críticos hacia el régimen de Franco de lo que lo habían sido sus predecesores, que habían sufrido los terrores de la Guerra Civil. El resultado de la Asamblea fue distanciar a la Iglesia del Estado. Entre otras cosas pretendía una revisión del Concordato para liberar a la Iglesia del control estatal, y pidió a los obispos que tenían puestos en el parlamento español que dimitieran. El régimen se alarmó tanto, que una revista que publicaba una carta citando grandes pasajes de las conclusiones de la Asamblea fue incautada por la policía.

Los eclesiásticos conservadores, hombres y mujeres, habían boicoteado la Asamblea, lo que quizá sea el motivo por el cual el resultado fue tan radical. No obstante, el Opus decidió jugar un papel en sus resultados. (La historia que sigue está adaptada, con el permiso del editor, de mi artículo "Spain on the Move". "The Month, junio de 1972). Naturalmente, la Asamblea fue atacada por la prensa del Opus Dei.

La historia comienza con una declaración hecha el 21 de febrero de 1972 por monseñor Guerra Campos, secretario de la Conferencia Episcopal española y uno de los miembros más reaccionarios de la misma. Más tarde, después de haber sido apartado de todo cargo eclesiástico debido a su oposición a la política de la Conferencia, era el único clérigo español en quien el régimen de Franco podía confiar para sus apariciones en televisión. En el curso de una emisión extraordinaria, recordó a su audiencia que en el siglo IV todo el mundo parecía volverse arriano (convertirse en hereje) y que sólo un obispo, Atanasio de Alejandría, defendió la ortodoxia. Sin duda, Guerra Campos se veía a sí mismo como un Atanasio moderno.

Algunos de los obispos habían preguntado, afirmó, sobre un documento llegado de Roma. En aquel momento él no tenía dicho documento, pero intentaría obtenerlo y enviárselo a los miembros de la Conferencia lo antes posible. Ésa, parece ser, fue la primera noticia que tuvieron de la existencia del documento.

Aquella misma tarde "Europa Press", una organización del Opus Dei en el sentido arriba indicado) difundió una noticia diciendo que parecía que existía un documento romano que contenía importantes observaciones sobre la Asamblea. A la mañana siguiente sólo "Nuevo Diario" (también de una organización del Opus Dei) la llevaba. Otros diarios negaban la existencia de tal documento.

Esta negativa provocó que "Europa Press" se defendiera. Describió la apariencia del documento. "Nuevo Diario" hizo lo mismo y el 26 de febrero siguió afirmando no sólo que el documento existía -para entonces ya no cabía duda de ello-, sino también que era oficial y que había sido enviado a los arzobispos de Toledo (primado español) y de Madrid. Proseguía citando a Frederico Alessandrini, portavoz del Vaticano, diciendo que la Congregación para el Clero había redactado un documento que no se había creído necesario mostrar a ningún otro departamento de la curia romana, ni al Papa Pablo VI. Esto debió haber alertado lo bastante a los periódicos como para que vieran que el documento no era, después de todo, oficial, pero la afirmación de Alessandrini resultó demasiado sutil para la comprensión de la Prensa contraria a la Asamblea. "Iglesia-Mundo" publicó una fotografía de John Wright, cardenal prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero, con una nota diciendo que el documento había sido enviado con el consentimiento del Papa. Más tarde trascendió que no había sido enviado con la aprobación del Papa, y que la fotografía no era del cardenal Wright, sino del compañero norteamericano cardenal Dearden, arzobispo de Detroit.

El 1 de marzo la agencia "Cifra", casi filial de "Efe", la agencia de noticias oficial española, difundió el resumen de un estudio preparado por "Iglesia-Mundo" contrario a las conclusiones de la Asamblea. Pero hasta el 4 de marzo ni "Cifra" ni "Europa Press" ofrecieron el texto completo del documento. Por dos veces el Ministerio de Información había intervenido para evitar su publicación prematura.

El tan anunciado documento resultó ser un "estudio" de las conclusiones de la Asamblea Conjunta preparado por una grupo de la Sagrada Congregación para el Clero. A juzgar por la carta que lo acompañaba, firmada por el cardenal Wright y por el arzobispo Palazzini, secretario de la Congregación, parece que iba destinado al cardenal Enrique y Tarancón, el liberal arzobispo de Madrid y el arquitecto de la postura antifranquista de la Iglesia. Pero aunque él era el destinatario, Tarancón no fue el primero en recibirlo. En efecto, el 21 de febrero negó que el documento existiese siquiera. En su discurso de apertura de la Conferencia Episcopal en marzo, el arzobispo de Madrid explicó el orden de los acontecimientos. Fue como sigue: el 21 de febrero a las nueve y media de la noche se recibió una llamada de un periodista que preguntaba a Tarancón sobre el documento; él negó que tal cosa existiese. El día 26 a la una y media de la tarde vio por primera vez una copia de dicho documento que le mostró otro obispo; el 27 a las diez y media de la mañana, monseñor Guerra Campos le envió fotocopia del documento, junto con la carta del cardenal Wright, fechada el 9 del mismo mes de febrero.

El domingo 27 de febrero fue un momento crítico para Tarancón. Pensó en dimitir de su cargo. Por suerte ya había hecho una reserva para ir a Roma al día siguiente para una reunión el 29 de febrero. En Roma vio al cardenal Villot, secretario de Estado. Villot le entregó una carta. Decía:

"La Sagrada Congregación para el Clero hizo que se llevara a cabo un estudio de los documentos (de la Asamblea Conjunta). Las consideraciones y conclusiones de este estudio, de su verdadera naturaleza, no poseen un carácter normativo, ni han recibido aprobación superior, es decir, del Santo Padre, a quien, de hecho, no fueron sometidas".

También el Papa vio a Tarancón para asegurarle su apoyo. En la siguiente reunión de los obispos españoles se leyó la carta de Villot, acusó respetuosamente recibo de este "estudio", pero lamentó seriamente "las faltas de procedimiento con respecto (al mismo) y a la particularmente culpable filtración a la Prensa, su tendenciosa presentación y los penosos errores que han inquietado a la opinión".

La reunión ignoró el consejo del estudio de dejar de lado las conclusiones del primer apartado de la Asamblea Conjunta y las ratificó todas. Monseñor Guerra Campos fue sustituido como secretario de la Conferencia Episcopal. El asunto del "estudio" de la Congregación para el Clero fue un desastre absoluto tanto para quienes lo encargaron como para quienes intentaron utilizarlo para anular el cambio de política de los obispos españoles sobre las relaciones Iglesia-Estado.

Naturalmente, se especuló mucho sobre la identidad de quiénes habían preparado la carta. Un portavoz del Opus en Madrid aseguró haber oído cinco versiones totalmente distintas. Al cardenal de Madrid, no obstante, se le dieron la identidad de las personas. Tenía copias de cartas de monseñor Benelli de la Secretaría de Estado al cardenal Wright, del cardenal Wright al propio Tarancón y al cardenal Villot. Mientras Tarancón siguió siendo arzobispo de Madrid, la publicación de las cartas constituyó una amenaza para los responsables. No era difícil, no obstante, hacer conjeturas informadas sobre la autoría.

El "estudio" fue originalmente recopilado en castellano y luego traducido al italiano en un intento de disfrazar sus orígenes. Dos autores eran miembros españoles del Opus: Alvaro del Portillo, entonces secretario general, pero ahora naturalmente sucesor de Escrivá de Balaguer como cabeza de la organización, y Salvador Canals. Un anciano jesuita, Raimundo Bigador, y un sacerdote claretiano, Anastasio Gutérrez, también eran mencionados. Los cuatro españoles estaban en el mismo departamento dentro de la Congregación para el Clero, cuyo secretario, el arzobispo simpatizante del Opus y después cardenal Palazzini, también se creyó que había tenido mano en la realización del "estudio". El texto del mismo se lo pasó a "Europa Press" otro miembro del Opus Dei asociado, no con la Congregación para el Clero, sino con la Comisión para la Revisión del Código de Derecho Canónico. Alvaro del Portillo era también, en aquel tiempo, miembro de esta comisión.

Estos hechos revelan el grado hasta el que el Opus está dispuesto a manipular a los medios de comunicación en la búsqueda de lo que considera es su propio bien, o bien de la Iglesia, aunque para los miembros del Opus la distinción es irreal: el bien del Opus y el de la Iglesia son idénticos. En tal contexto es fácil entender por qué el Opus Parece dar tanta importancia al control de los medios de comunicación, poseyendo sus propias revistas, cadenas de televisión, escuelas de periodismo. En muchas capitales de países católicos, en Bogotá, por ejemplo, o en Santiago de Chile, donde no necesariamente poseen un diario importante, se encuentra frecuentemente a miembros del Opus escribiendo secciones fijas. El arzobispo John Foley, director de la Comisión Vaticana sobre Comunicación Social (portavoz del Vaticano para los medios de comunicación), aunque sin ser miembro, se le considera muy próximo y afín al Opus. Rusell Shaw, portavoz de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos de los Estados Unidos (hasta que dimitió repentinamente en 1987) y Joaquín Navarro-Valls, portavoz del mismo Vaticano, son ambos miembros del Opus: Shaw, supernumerario, y Navarro-Valls, numerario.

Si son discípulos leales de Escrivá, estos hombres están probablemente motivados por la máxima 836 de "Camino": "Servir de altavoz al enemigo es una idiotez soberana; y , si el enemigo es enemigo de Dios, es un gran pecador. Por eso, en el terreno profesional, nunca alabaré la ciencia de quien se sirve de ella como cátedra para atacar a la Iglesia". Hay un contraste extraordinario entre estas palabras de Escrivá y las palabras de un santo reconocido, Agustín de Hipona, no menos contrario en su época a los enemigos de Dios que lo fuera el fundador del Opus Dei en este siglo: "¿Quién se bastará a ponderar la grandeza de ingenio que han demostrado filósofos y herejes al defender sus errores y falsedades?" ("La ciudad de Dios, 22.24).

El asunto de la Asamblea Conjunta y el interés mostrado por el Opus para que la Iglesia siguiera apoyando al régimen de Franco, encuentran su razón de ser en los escritos de Escrivá de Balaguer. Éstos revelan escaso interés por las sutilezas de la democracia y son el resultado de una actitud mental que, políticamente, respalda a la clase gobernante, siempre que ésta permita que el catolicismo florezca. Otras consideraciones no tienen tanta importancia: "¿No crees que la igualdad, tal como la entiende, es sinónimo de injusticia?" (máxima 46), "¡Cuántos crímenes -exclamaba Escrivá de Balaguer al final de una serie de máximas recomendando "santa intransigencia" y el rechazo de componendas-, se cometen en nombre de la justicia!" (máxima 400). Si cualquier miembro del Opus estuviese preocupado por la opresión y la injusticia que ven a su alrededor, la máxima 702 les consolaría: "Estás intranquilo. Mira: pase lo que pase en tu vida interior o en el mundo que te rodea, nunca olvides que la importancia de los sucesos o de las personas es muy relativa". Y si algún miembro fuese tentado por los valores liberales, podría buscar consuelo en la máxima 849: "¡Hombre! Ponle en ridículo. Dile que está pasado de moda: parece mentira que aún haya gente empeñada en creer que es buen medio de locomoción la diligencia... Esto, para los que renuevan volterianismos de peluca empolvada, o liberalismos desacreditados del siglo XIX." El ideal del Opus evita los heroísmos: "Me hablas de morir "heroicamente". ¿No crees que es más heroico" morir inadvertido en una buena cama, como un burgués. pero de mal de Amor?" (máxima 743). No es probable que haya ningún Camilo Torres en las filas del Opus Dei.

Toda esta formación espiritual junto con las sólidas virtudes burguesas (y el lecho de muerte) que Escrivá recomendaba y las Constituciones guardaban, es probable que encomiende a los miembros de la organización a regímenes militares o represores de derechas, particularmente a los que han perdido el apoyo de la Iglesia oficial, como en Chile, del mismo modo que apoyaba a Franco.

Existe en Bogotá un colegio jesuita, al otro lado de una calle estrecha frente al palacio presidencial. En una de tantas ocasiones como los jesuitas han tenido problemas con los regímenes colombianos fue confiscado por el Estado, y durante un tiempo no les fue devuelto, ni cuando la Compañía fue autorizada una vez más a vivir en el país. De modo que se fundó otro colegio en la ciudad con el mismo nombre exactamente, dejando ahora a la Compañía con dos colegios, ambos llamados "San Bartolomé de la Merced". Pero el antiguo colegio, el cercano a palacio, se remonta a los comienzos del país. Éste o su equivalente en Medellín, la segunda ciudad de Colombia, han educado durante generaciones a las familias de élite, que han dado presidente tras presidente a la nación. Pero ya no. Los jesuitas colombianos no están entre los más radicales de entre sus hermanos de América Latina, pero ahora se les mira con recelo. Las familias de elite envían a sus hijos a las escuelas del Opus Dei, donde no estarán expuestos a la nueva "teología de la liberación", con su preocupación por la reestructuración de la sociedad en interés de una mayor justicia para los pobres.

Exactamente lo mismo se puede decir del colegio jesuita de Santiago de Chile. Aquí, como en otros países de América Latina, los nombres de los gobernantes que son miembros del Opus o simpatizantes de la Obra son bien conocidos dentro de los círculos de la Iglesia.

Aparte del caso de España, la extendida influencia del Opus por todas partes en los países de habla castellana, no constituye una conspiración para tomar posesión del Estado en interés de la Iglesia como lo entienden los miembros del Opus. Aunque el Opus estuviera interesado en conseguir poder político como tal, la experiencia del fracaso español -el asesinato del protector del Opus, almirante Carrero Blanco en diciembre de 1973, llevó a Franco a cambiar completamente la tendencia de su Gobierno- le desanimaría a intentarlo de nuevo, al menos durante mucho tiempo.

Mucho más significativo es la mentalidad de un miembro del Opus, aleccionado de la forma arriba indicada. "Ignacio Valente" es el pseudónimo de José Miguel Ibáñez Langlois, un sacerdote del Opus, colaborador asiduo sobre temas literarios del diario de Santiago "El Mercurio", un periódico simpatizante con el gobierno de Pinochet. el 5 de octubre de 1986 escribió una apología, "Veinte años como crítico".

"Nunca he escrito un prólogo, nunca he presentado un libro, no voy a reuniones literarias ni a "cenáculos" ni veo a otros escritores. Debido al tiempo: el ministerio sacerdotal ocupa mis días y mis años, quiero escribir mis propios libros de poesía y ensayos. Pero, además de esta razón, hay otra, más profunda: creo que un crítico debería guardar una cierta distancia del mundo literario, y una ausencia total de compromisos personales. Aún hay otro motivo; la convicción de que, en general, la obra es superior a quienquiera que la haya escrito. Con bastante regularidad prefiero los libros a sus autores. Tengo amigos entre ellos, como es lógico pero les trato -en cuanto a la crítica- como si no lo fueran. También tengo enemigos, evidentemente, pero intento tratarlos del mismo modo que si no lo fueran."

Sin duda, este artículo fue escrito para causar efecto, pero lo que es tan estremecedor en esta apología es que Ibáñez Langlois se jacte de carecer de compromiso personal hacia nada que no sea su tarea de escribir y su ministerio sacerdotal como miembro del Opus. Mientras, otros clérigos de la misma ciudad se manifestaban en la calle, siendo apaleados por la Policía, arrestados y hostigados por su oposición al brutal régimen del general Pinochet. Éstos no son temas que se encuentren en la poesía de Ibáñez.

"No. El Opus Dei no tienen en absoluto nada que ver con la política. Es absolutamente ajeno a cualquier tendencia o grupo político, ideológico y cultural" (Escrivá de Balaguer, "Conversaciones").

Éste es Escrivá de Balaguer, en su conversación con Peter Forbarth, de "Time". El apologista del Opus Dei Julián Herranz, en un artículo titulado "Opus Dei and the Activity of its Members", publicado primero en "Studi Cattolici" nº 31, julio/agosto de 1962, escribe específicamente sobre el papel político, o la falta del mismo, según él considera, del Opus Dei en España:

"El Opus Dei no está a la derecha ni a la izquierda, ni en el centro, porque los objetivos de la Asociación no son políticos, sino espirituales. Sin duda hay gente que lo toma por un partido político y se esfuerza penosamente en ponerlo en uno u otro campo. El Opus Dei, sin embargo, ni desea bajar al reino del César, ni puedo hacerlo. Pero sus miembros pueden, sin duda, y son enteramente libres de hacerlo según su propio criterio y opinión. Para aclarar y afirmar estos puntos, el Secretario del Opus Dei en España envió una nota a la Prensa en 1957, afirmando que "el Opus Dei es un Instituto Secular de la Iglesia Católica, cuyas actividades son exacta y exclusivamente apostólicas; en virtud de su mismo espíritu, queda fuera de la esfera de la política en cualquier país. El Opus Dei desautoriza explícitamente a cualquier grupo o individuo que utilice el nombre del Instituto para sus actividades políticas. En este campo, como en sus actividades profesionales, financieras o sociales, los miembros del Opus Dei, al igual que otros católicos, gozan de una total libertad, dentro de los límites de la enseñanza cristiana" (Madrid, 12 de julio de 1957).

Este artículo de Julián Herranz se ha convertido en una especie de "locus classicus", al que se alude siempre que una discusión sobre el Opus llega, como tan a menudo sucede, al compromiso de la organización en política.

El argumento entonces es que, como buenos ciudadanos, los miembros del Opus pueden muy bien encontrarse jugando un papel en el Gobierno de su país. Pero ese papel es suyo por elección personal; no les es impuesto, como tampoco les es impuesta ninguna orientación política por el mismo Opus. Ésa es la afirmación. Casa de modo extraño con el párrafo 202 de la Constitución de 1950, que insiste en que: "Los cargos públicos, y especialmente aquellos que implican dirección, son los medios particulares del Instituto para su apostolado".

El Opus Dei como institución no se mete en política. "Si eso es cierto, entonces el Opus debiera jugar un papel positivo en la política", dijo un distinguido teólogo español cuando la Iglesia en España se separó enérgicamente en 1971 de una régimen mantenido por un número de ministros del Opus.

Pero la verdad es más compleja. La espiritualidad del Opus y sus estructuras inculcan una visión de la vida que es socialmente estratificada y entregada, según propia confesión, al ideal burgués, altamente disciplinado y más que respetuoso con la autoridad. Con esta visión del mundo, el valor supremo en el trabajo humano, más concretamente, el trabajo humano profesional. En el artículo trascrito, Herranz cita a un miembro inglés de la "Asociación", que escribió en el "Observer" del 26 de agosto de 1962. Este individuo atrajo la atención de los miembros del Opus entre los mineros del Norte de España, que estaban entonces en huelga contra el Gobierno con miembros del Opus en su Gabinete de ministros. Y, sin duda, hay miembros del Opus en la clase trabajadora incluso fuera de las categorías de las mujeres auxiliares reclutadas para limpiar las residencias de los hombres. Una película de televisión italiana, hecha para conmemorar el decimoquinto aniversario del Opus Dei y con el que el Opus Dei hizo, por consiguiente, mucha propaganda, mostraba a un conductor de autobús de Manchester. Era irlandés.

Sin embargo, no habría muchos conductores de autobús, ingleses o irlandeses, con la calificación académica de un doctorado, necesaria para la categoría de miembro numerario. Y, como está muy claro, tanto por la Constitución de 1950 como por la de 1982, el Opus apunta en primer lugar a los hombres y mujeres profesionales, aunque es cierto que la Constitución más reciente no menciona en particular, a diferencia de la anterior, a la gente al servicio del Gobierno (ver la Constitución de 1950, párrafo 4.2).

El Opus Dei, sin duda, atrae a los hombres de negocios a sus filas con su mensaje de santificación por el trabajo y su opinión favorable al apostolado del almuerzo, al apostolado de no dar (ver pág. 117), y a la bendición a los valores de la clase media (ver págs. 118 y siguientes y párrafos más arriba). Sin duda, dichos hombres de negocios podrían, en teoría, abarcar y operar dentro de una amplia escala de ambientes políticos y sociales. Pero eso es no ser realista. Cuando los miembros del Opus controlaban la economía española desarrollaron la industria privada a expensas de la pública. Se ha aducido que existían dos razones principales para ello. Primero, el principal enemigo político del Opus en España era la Falange, a la que, debido a su apoyo a Franco durante la Guerra Civil, se le había permitido sobrevivir. Aunque fascista, era técnicamente un partido socialista y apoyaba la industria nacional. Segundo, era una buena enseñanza católica que el Estado no debía hacer por los individuos lo que los individuos podían hacer por sí mismos. El Estado proporcionaría las condiciones óptimas para que la empresa privada floreciera, e intervendría únicamente a aquel nivel en el que los empresarios individuales no pudieran hacer por sí solos.

De modo que a la empresa privada se le permitió florecer. Pero en este clima de perspicacia del Opus para los negocios recibió algunos golpes bajos. España sufrió dos escándalos importantes, en los que se vieron implicados miembros del Opus y sus negocios, el primero el de "Matesa" en 1969, el segundo el de "Rumasa", en 1983.

"MATESA" ("Maquinaria Textil del Norte de España, Sociedad Anónima), fue fundada en 1956. Tenía su sede en Pamplona y empleaba a unas dos mil personas en la confección de maquinaria textil. Se la tenía por uno de los negocios más dinámicos del país: en el momento de su hundimiento, agosto de 1969, controlaba setenta y cinco empresas más, tanto en España como en el extranjero. Su crecimiento fue en gran parte el resultado de haber adquirido, por medios algo dudosos, una patente para una clase especial de telar; el pago por la patente se hizo en francos franceses, sacados de contrabando de España y que aparecían en la hoja de balance como derechos de patente. "MATESA" mejoró el telar, pero no tenía el suficiente dinero como para lanzarlo al mercado mundial. El director de la compañía, Juan Vila Reyes, obtuvo del "Banco de Crédito Industrial" el dinero que necesitaba, aduciendo que lo necesitaba para financiar ventas de sus máquinas, que resultaron ser totalmente ficticias. Este dinero, que se estima fue del orden de cinco mil millones de pesetas, fue sacado de nuevo de contrabando y vuelto a ingresar como pago de mercancías. cuando la empresa quebró, tenía deudas por unos diez mil millones de pesetas. Por estos delitos Vila Reyes fue juzgado dos veces: la primera fue condenado a tres años de cárcel y una multa cuantiosa; la segunda, procesado por 424 acusaciones distintas, a 224 años de prisión (el fiscal había solicitado casi 1.290 años) y se le ordenó devolver al Gobierno unos setenta millones de libras esterlinas.

Vila Reyes aprendió su habilidad para los negocios en la Escuela de Empresariales del Opus, en Barcelona. Su consejero legal, Villar Palasí, ministro de Educación en la época en que estalló el escándalo, se movía en círculos del Opus Dei; López Bravo era el ministro de Industria que aprobó los créditos. Otro miembro del Opus, Mariano Navarro Rubio, era Gobernador del "Banco de España" en el momento del fraude y tuvo que dimitir. Vila Reyes admitió haber dado la modesta suma de doce mil libras esterlinas a su antigua escuela de Opus. Los rumores de la época daban una cifra mucho más alta. Una comisión nombrada por el Parlamento español no logró determinar con cuánto había contribuido Vila Reyes a la Universidad de Navarra en Pamplona, pero se alegó que la suma era de ciento veinte millones de pesetas y que, en total, los donativos al Opus estaban alrededor de los dos mil cuatrocientos millones de pesetas, incluyendo importantes regalos a la sede central del Opus en Roma, a una Universidad de Perú y a residencias de estudiantes en los Estados Unidos ("Le Monde" -edición inglesa-, 29 de julio de 1970). Todos estos rumores fueron negados, por supuesto, por el portavoz del Opus en Madrid. No podía negarse, sin embargo, el hecho de que un hombre de negocios formado por el Opus Dei fuese a la cárcel por un fraude importante, implicando a otros miembros de la Obra en sus acciones ilegales, aunque se escaparan del procesamiento.

Si bien el asunto "MATESA" arrojó alguna luz sobre los modos de hacer negocios aprobados por el Opus, la expropiación de "Rumasa" resultó ser todavía más reveladora. "Rumasa era una de las mayores empresas de España en manos privadas. Poseía dieciocho Bancos y grandes almacenes bien conocidos, como "Galerías Preciados" y "Sears Roebuck". En el Reino Unido era más conocida por sus compañías de vinos (su director procedía de Jerez), con marcas como el jerez "Dry Sack". También era propietaria de la cadena de a1macenes de licores "Augustus Barnett". En total, había 245 empresa bajo el paraguas de "Rumasa". Fue intervenida en febrero de 1983, para evitar la quiebra, según argumentó en su día el Gobierno, con un pasivo que excedía su activo en unos mil millones de libras esterlinas.

El fundador de "Rumasa", y su director hasta que tomó posesión de ella el Gobierno español, era José María Ruiz-Mateos ("Rumasa" significa Ruiz-Mateos, Sociedad Anónima). Después de la expropiación de su imperio, huyó a Londres (como también lo hizo el director del "Banco Ambrosiano", Roberto Calvi, cuyo cuerpo se encontró colgado bajo el puente de Blackfriars) y fue finalmente detenido en Alemania. Ahora está en España, a la espera de juicio.

En Londres, Ruiz-Mateos dijo a los periodistas que había dado grandes sumas de dinero a partidos políticos, a líderes políticos y a sindicatos. Aunque dijo que simpatizaba con sus objetivos, negó ser miembro del Opus Dei (Ver Stephen Arias, "How Mateos Rose and Fell: the End of a Reign in Spain>, Sunday Times, 24 de abril dc 1983.), lo que hace difícil entender por qué en el Diario de su encarcelamiento apunta que, junto con una sagrada imagen de la Virgen María abrazando a su Hijo, puso una fotografía de Escrivá de Balaguer sobre la mesa de su celda (Ver Santiago Aroca en "Tiempo", Madrid, 11 de agosto de 1986), o cómo, mientras estaba en la cárcel en Madrid, podía ser visitado por miembros del Opus y amenazado con la expulsión. No negó, sin embargo, que había donado considerables sumas de dinero -se mencionaron unos siete millones de libras esterlinas- vía Islas Normandas, a un instituto educativo asociado con el Opus en el Reino Unido. A principios de 1983, cuando la "BBC" preparaba un programa de televisión sobre el Opus, los investigadores quedaron perplejos por la forma en que la "Netherhall Educational Association" (NEA), de Hampsted, controlada por el Opus, había conseguido reunir el dinero, hasta cierto punto por préstamos baratos en moneda extranjera, para financiar sus muy considerables compras de propiedades.

La "Netherhall Educational Association" comenzó a existir en 1964, pero no era exactamente la primera organización del Opus registrada en el Reino Unido. En 1954 Michael Richards y un sacerdote español, Juan Antonio Galarraga, dando ambos su dirección del 18 de Netherhall Gardens, fundaron un "charitable trust" para "la sociedad católica constituida según el Derecho Canónico de la Iglesia católica como Instituto Secular conocido como "La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei"". Después de más de un cuarto de siglo de existencia, nunca presentó cuentas a los encargados de la institución de caridad, algo que no es de extrañar que éstos encontraran preocupante.

La escrituras de 1954 del "trust" indicaba que el propósito del mismo era "la promoción de la religión católica". Daba a los "trusts" "discreción absoluta" sobre la compra y venta de propiedades, valores y acciones, obligaciones, etc. Tenían que ser nombrados -y cesados- por el "Presidente Nacional"; en otras palabras, el consejero regional del Opus, con completo control sobre el nombramiento de trusts de la Sociedad dotal, como en efecto lo tiene sobre el nombramiento y ~ de los directores de cada empresa asociada con el Opus. Cuando la Sociedad Sacerdotal se convirtió en una institución de beneficencia inscrita en 1965, reconocía la posesión de tres propiedades: la "Grandport House" de Oxford (ver pág. 76), una casa en Manchester, y la sede del Opus en el Reino Unido en el número 6 de Orme Court, en Bayswater Road, Londres. Sin embargo, por aquel entonces, el trust ya había vendido una serie de propiedades, incluyendo el 16 y el 18 de Netherhall Gardens, entregadas a la "Netherhall Educational Association", formada en 1964, con siete directores, seis de los cuales vivían en conocidos inmuebles del Opus Dei. Técnicamente, la "NEA" había comprado las casas por sesenta mil libras esterlinas, pero éstas habían sido donadas a este propósito por la Sociedad Sacerdotal.

Aunque existían lagunas, la "NEA" es algo más meticulosa que la Sociedad Sacerdotal en presentar cuentas. (Sin embargo, fue emplazada por el Tribunal Supremo, división de Justicia, en febrero de 1979, para que explicara por qué no había registrado tres hipotecas, contraviniendo así la Ley de Sociedades.) Estas cuentas revelan un número muy considerable de compras de propiedades caras en pos del fin declarado de la "educación dentro del ideal cristiano". La institución de beneficencia extendió su propiedad en Netherhall con una hipoteca de más de 250.000 libras esterlinas del (ya inexistente) "Greater London Council" y una subvención de 75.000 libras esterlinas del "British Council", a condición de que el ochenta por ciento de su alojamiento estuviera disponible para estudiantes extranjeros (Escrivá de Balaguer se refería a "Netherhall House" como un hotel para estudiantes de Africa y Asia. "Escrivá de Balaguer, Conversation"). Entre sus muchas compras estaban "Dawliffe Hall", en Chelsea Embankment, que en 1980 pasó a ser propiedad de la "Dawliffe Educational Foundation", junto con la cercana "Shelley House", comprada. en 1976 por casi 500.000 libras esterlinas, y otras varias propiedades tanto en Londres como esparcidas por todo el país. La "Dawliffe Educational Foundation" parece ser el "charitable trust" que opera en la sección de mujeres del Opus.

Muchas de las propiedades que poseen la "NEA" o la "Dawliffe Educational Foundation" están en los mejores emplazamientos de Londres. Aparece en primer lugar Orme Court. donde, además del número 6, su primera adquisición y todavía la sede británica del Opus Dei, ha comprado ahora los números 1, 4, 5, 7 y 10, por una cifra superior al millón de libras esterlinas. Parece haber algo menos de interés en el Norte de Inglaterra, aunque la "Greygarth Association Ltd.", fundada por la "NEA" en 1974 con una especial responsabilidad hacia el apostolado del Opus en el Norte.

Ruiz-Mateos admitió haber dado dinero a las instituciones benéficas del Opus en el Reino Unido, y está claro por las cuentas de la "NEA" que préstamos bastante cuantiosos procedían del extranjero en dólares, francos suizos o marcos, a unos tipos de interés extraordinariamente favorables. Hacia septiembre de 1983 los préstamos no garantizados en moneda extranjera a tipos de interés entre el cero y el tres por ciento ascendían a millón y medio de libras esterlinas. "Dawliffe" y "Greygarth" disfrutaban de préstamos similares, si bien de menor cuantía. Las "instituciones de beneficencia asociadas" de la "NEA" también proporcionaban dinero, como en 1980 lo hicieron el gran hotel y el grupo de catering "Trust House Forte". En este último caso la suma no era especialmente elevada, comparada con el presupuesto del Opus para la compra de casas, sólo 50.000 libras esterlinas como préstamo sin interés. Cuatro años más tarde, en agosto de 1984, Lord Forte traspasó 50.000 libras esterlinas a "Netherhall House" (Nicholas Perry, "Unliberation Theology", "New Statesman", 1 de marzo de 1985. pág. 21). Como instituciones benéficas, la Sociedad Sacerdotal y sus filiales pueden solicitar convenios y donativos sobre los que una institución benéfica puede rembolsar de Hacienda cualquier impuesto sobre la renta que se haya pagado. Es una práctica normal para los miembros de órdenes religiosas pactar cualquier impuesto que puedan ahorrar para su orden. Probablemente lo mismo pueda decirse del Opus, y la renta convenida figura en el balance de la "NEA", aunque quizá no hasta el punto que podría esperarse. Sin embargo, podría darse el caso de que algunas de las sumas a disposición de las "Instituciones de beneficencia asociada", como la "Dawliffe Educational Foundation", sean reunidas por medio de convenios obtenidos por miembros numerarios.

Ha habido también un intento coordinado de obtener dinero de otras fuentes. En 1970 el "Netherhall House Trust" fue constituido precisamente para promover la obra de "Netherhall House". Entre sus primeros ocho "trustees" estaban sir George Bolton, que acababa entonces una labor de trece años como presidente del "Bank of London and South America" ("Banco de Londres y América del Sur"), y Sir Philip de Zulueta, también un distinguido banquero, aunque muchos años antes había dimitido de la Administración públa como secretario privado de sucesivos primeros ministros. Cada año, los directores de la "NEA" se han esmerado en agradecer a los miembros del trust el trabajo realizado para conseguir dinero para amortizar la hipoteca sobre "Netherhall" . Las sumas aportadas por el trust han sido variables, no han sido en modo alguno comparables con los préstamos disponibles del extranjero a tipos de interés bastante por debalo de los que se cargan comercialmente. No obstante, las fuentes de esta generosidad no han sido reveladas todavía.

Según un artículo de la revista mensual irlandesa "Magui" (Maurice Roche, The Secrets of Opus Dei de 1983), al "Netherhall Educational Trust" se le ha pedido que colabore con un grupo de empresas privadas de ingeniería establecido por Seamus Timoney, profesor de Ingeniería Mecánica en el "University College" de Dublín, y miembro del Opus desde los años cincuenta. También, según "Magill", Timoney pudo utilizar no sólo los fondos del Opus para sus distintas empresas, sino también la experiencia del Opus. Una de sus empresas de más éxito ha sido el diseño del "Timoney Armoured Personel Carrier" (Transportador de personal blindado Timoney), que se comenzó a producir en 1978 y que fue vendido al Gobierno militar del general Jorge Videla en Argentina. Timoney ha actuado como consejero tanto para el Ministerio de Defensa en Londres, como para el Pentágono en Washington.

Los vínculos entre el Opus en Irlanda y en Gran Bretaña han sido estrechos. Incluso antes de que la Sociedad Sacerdotal fuese constituida como trust en Londres, Michael Richards fue a Dublín para ayudar a crear "University Hostels Limited". Los directores fundadores de esta compañía, además de Richards, eran Cormac Burke y Richard Mulcahy. Los tres se convirtieron posteriormente en sacerdotes del Opus. Tanto en Dublín como en Londres las reglas eran las mismas: la dirección de las empresas asociadas con el Opus era controlada por el principal representante del Opus del país. Los "University Hostels" atrajeron a una amplia escala de inversores distinguidos -incluyendo a dos obispos conservadores y a John Costello, un antiguo Primer Ministro irlandés-, pero únicamente pueden haber dado dinero como un acto de generosidad hacia el Opus, puesto que los prospectos dejaban claro que poca o ninguna ganancia debía esperarse de las acciones, y las acciones en oferta no conllevaban derechos de voto. "Magill" informaba de que las acciones en 1983 las tenían en su mayor parte el "Limusllin Scientific Trust" y el "Tara Trust", operando los dos desde una misma dirección, una residencia del Opus Dei.

Hasta cierto punto, el modelo de Irlanda refleja el de Inglaterra: el Opus posee propiedades considerables en situaciones privilegiadas, pero quizá debido a la naturaleza de la sociedad irlandesa, la Obra ha sido capaz, en apariencia, de diversificar sus intereses bastante más que en el Reino Unido. Por ejemplo, a través de un "trust" para el desarrollo de la educación, se ha introducido en la educación secundaria en Irlanda como en España y en algunos países de América Latina. Las escuelas que ha establecido en Dublín están dirigidas, afirma Roche, "a la elite de la sociedad dublinesa". Tienen mucho éxito: los alumnos viajan quince o treinta kilómetros para asistir a ellas. Por supuesto, están separadas por sexos.

Roche consideraba altas estas cuotas de 460 libras esterlinas en 1983; los padres ingleses que envían a sus hijos a escuelas independientes las hubieran considerado muy razonables. Lo que podrían encontrar extraño, sin embargo, es el modo en que el trust de desarrollo educacional tiene de proveer lo que seguramente debe ser un déficit considerable en los costes de las escuelas. En 1975 estableció una empresa llamada "Parl Industrial and Provident Society". Por cada hijo que envían a las escuelas dirigidas por el Opus, los padres deber anticipar un préstamo sin interés (1.200 libras esterlinas en 1983) para la "Park Industrial and Provident Society".

El Opus también tiene considerables intereses editoriales en Irlanda. "Scepter Publishers Limited" comenzó en 1959 en Dublín, una más dentro de una cadena de empresas parecidas en todo el mundo, como vehículo para poner a la venta títulos del Opus Dei, incluido Camino. También, según Roche, dejó de comerciar en 1978. Dichos títulos fueron traspasados: varios de los libros utilizados al escribir este estudio, por ejemplo, fueron publicados por la "Four Courts Press", fundada en 1969 por Michael Adams, un miembro numerario del Opus. También publica libros y panfletos escritos por el doctor Jeremiah Newman, quizás el más conservador de todos los obispos irlandeses. El señor Adams también controla la "Irish Academic Press", que compró los fondos de la "Irish University Press", que quebró en 1974 con deudas de un millón cuatrocientas mil libras esterlinas. El señor Adams había sido director de la " Irish University Press ".

"Scepter", aparentemente, sigue subsistiendo todavía en el Reino Unido. Opera desde el 1 y el 2 de Leopold Road, un inmueble cerca de la estación de Metro de Ealing Common, comprado por cerca de cien mil libras esterlinas en 1974, y aloja también a "Westpark", un centro de estudios para chicos. Fue el "Scepter" inglés quien en 1977 publicó el libro de Bernal Monseñor Eserivá de Balaguer, muy citado en este libro. Aparte de la última colección de máximas o aforismos de Escrivá, "Forja", publicada en enero de 1988, "Scepter" del Reino Unido no parece haber estado especialmente activo últimamente, aunque sigue apareciendo diez veces al año el "Scepter Bulletin", una minúscula publicación a un precio de 70 peniques, con mezcla de artículos piadosos de tono conservador y largas secciones de declaraciones papales tomadas del semanario en lengua inglesa L'Osservatore Romano (la versión italiana del periódico del Vaticano es diaria). Por supuesto, no es inusual que los grupos religiosos publiquen periódicos mensual o trimestralmente. En el Reino Unido, por tomar sólo dos ejemplos, los dominicos dirigen "New Blackfriars", y los jesuitas "The Month". Pero en estos dos casos la afiliación de la revista es clara y conocida. A menos que uno esté enterado de que su director, John Horrigan, es el portavoz del Opus en Londres, sería imposible colegir por el "Scepter Bulletin" a qué grupo pertenece.

El Opus dirá, desde luego, que esta empresa, como la mayoría de las demás, no es en absoluto una empresa del Opus Dei, sino que pertenece a miembros del Opus. Hablando con rigor, eso puede ser cierto. Aparte del trust constituido en 1954 como la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei, las demás entidades legales a través de las que sus miembros operan, con frecuencia incluyen a personas que no son miembros. Son conocidas como "obras comunes". También hay "obras cooperativas" en las que los numerarios y los supernumerarios colaboran y poseen enteramente, aunque puede haber personas empleadas que no sean miembros. Las editoriales son ejemplos típicos de la primera clase; las escuelas, de la segunda. Pero es un sofisma tratar de distinguir cualquiera de estas dos clases de empresas de las que son puramente Opus Dei. Primero, todos los beneficios obtenidos por los miembros numerarios corresponden al mismo Opus. Esa es la consecuencia de la obligación de pobreza que han tomado sobre sí. Incluso los miembros supernumerarios (o casados) están presionados a dar a la Obra tanto como sea posible. Segundo, ningún miembro numerario, ciertamente, y probablemente ningún supernumerario tampoco, emprende un negocio sin haberlo discutido detenidamente con su director; la obligación de ser enteramente franco con el director es aplicable en esta esfera como en cualquier otra. Y hay un tercer punto:

"Los miembros del Opus Dei, tanto si actúan individualmente como si lo hacen a través de asociaciones que pueden ser culturales, artísticas, financieras, etc., lo hacen a través de lo que se conoce como "sociedades auxiliares. En sus transacciones estas sociedades están igual-mente sujetas a obediencia a la autoridad jerárquica del Instituto" (Constitución de 1950, párrafo 9).

Cada cinco años, según el párrafo 375 del mismo documento, el administrador general debe encargarse de hacer una inspección de la administración en cada una de las regiones del Opus. "Aprovechará la oportunidad de su inspección para examinar también a las sociedades auxiliares."

Hay algunos ex miembros del Opus, el padre Vladimir Felzmann es uno de ellos, que están dispuestos a acepter la línea oficial del Opus Dei de que los intereses de negocios de los miembros son asunto suyo y que si hay algún procedimiento ilegal, como en los casos de "Matesa" o de "Rumasa", esto es responsabilidad de los ejecutivos principales de estas compañías, y que no implican en absoluto al propio Opus. A la luz de la forma en que las compañías relacionadas con el Opus parecen estar tan fuertemente encajadas, y más especialmente a la luz de los tres puntos recién subrayados, parece difícil, si no imposible, defender tal opinión.

Lo que lo hace todavía más extraño es que el Opus no tiene realmente ninguna necesidad de ser tan absolutamente reservado. Es perfectamente razonable que, como corporación, esté comprometido hasta cierto punto en el asunto de ganar dinero. Todas, o casi todas, las organizaciones religiosas de la Iglesia católica tienen que hacer lo mismo y tienen su persona legal para operar. Los jesuitas británicos, por ejemplo, son legalmente conocidos como "Trustees for RC Purposes Rgd", un pomposo título que lo expresa todo. Sin embargo, pocas organizaciones, si las hay, pueden disponer de la clase de sumas de dinero que se necesitan para hacer las compras que el Opus hizo en Gran Bretaña desde que por primera vez se convirtió en una entidad identificable en 1954.

Que el Opus es rico, difícilmente puede negarse. El mismo Ruiz-Mateos admitió haber dado alrededor de cuatro mil millones de pesetas a la Obra en los veintitrés años de vida de "Rumasa". De "Larrain Crusat", una compañía chilena, reflejo de la de "Rumasa", nacida a finales de los setenta bajo el régimen de libre empresa de los economistas formados en Estados Unidos, conocidos como los "Chicago Boys", se dice que había estado dando al Opus diez millones de pesos al mes en una época en que la moneda chilena estaba esta estabilizada en alrededor de cuarenta pesos el dólar (Esta cifra fue citada por un periodista en "Hoy", una revista chilena iniciada por un grupo de escritores que abandonaron "Ercilla" cuando Crusat asumió la dirección y se convirtió en un vehículo para los intereses cercanos al Opus Dei). Aparte de estos regalos, las administraciones regionales envían el diez por ciento de su renta a Roma, mientras que las residencias locales remiten el diez por ciento de su renta a la administración regional. Cualquier donativo extra o dinero sobrante va también a Roma. María del Carmen Tapia calcula que cuando ella era directora de la sección de mujeres en Venezuela a mediados de los años sesenta, enviaba entre diez mil y doce mil dólares al año al Instituto para las Obras de Religión (Istituto per le Opere di Religione, o "IOR", en su abreviatura italiana). Ella creía que iba a parar a la formación de sacerdotes y al mantenimiento de un colegio de mujeres. No se dio cuenta entonces de que el "IOR" era el nombre oficial del "Banco Vaticano".

Este Banco comenzó en 1887 como vehículo para conseguir fondos para las obras de la Iglesia en todo el mundo; se le llamó entonces Administración de las Obras de Religión. El Papa Pío XII le dio su nuevo nombre en 1942 y amplió su papel de modo que pudiera tener e invertir dinero en pro de órdenes religiosas y otros proyectos relacionados con la Iglesia que necesitasen mover dinero alrededor del mundo. Está situado dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano, y por tanto no está en territorio italiano. Es un Banco mercantil más que un Banco de compensación, aunque para la gente asociada con el Vaticano puede actuar del segundo modo. Entre el Estado de la Ciudad del Vaticano y la República de Italia no hay, desde luego, barreras de Aduanas ni otros puntos de control. El "IOR", por tanto, ha sido una fuente de tentación para cualquier italiano que intentase encontrar un camino para esquivar los controles de cambio de su país. Desde 1971 su director ha sido el arzobispo Paul Marcinkus, un prelado de ascendencia lituana nacido en Chicago, quien parece haber actuado para el Papa como guardaespaldas y director de viajes. El considerable volumen de Marcinkus era bien visible en los viajes papales alrededor del mundo hasta que órdenes de detención limitaron sus movimientos a los confines del Estado de la Ciudad del Vaticano, con mucho, el país más pequeño del mundo, al ser solamente un tercio del tamaño del más pequeño que le sigue, el Principado de Mónaco.

Marcinkus llegó al "IOR" en 1968, en un momento en que el Vaticano intentaba diversificar sus inversiones. Uno de los consultados con vistas a este fin fue Michele Sindona, un banquero siciliano con fuertes vínculos con la Mafia y durante un tiempo socio de David Kennedy, del "Continental Illinois". En marzo de 1980 fue condenado a veinticinco años de cárcel en Estados Unidos por sesenta y ocho fraudes y otros cargos similares resultantes de la quiebra de su " Franklyn National Bank" en 1974, pero más tarde fue devuelto a una prisión italiana para responder de cargos sobre la quiebra de su "Banca Privata Financiaría", también en 1974. Murió el 22 de marzo de 1986 en una prisión italiana, después de haber bebido café envenenado. En el mismo año en que quebraron los Bancos de Sindona, el "IOR" presentó un informe con fuertes pérdidas -sus pérdidas totales se estima que han alcanzado alrededor de doscientos millones de dólares-, sostenidas a través del "Banco di Roma per la Svizzera", una sucursal a medias entre el "IOR" y el "Banco di Roma". El ejecutivo de quien se dijo era el responsable de estas pérdidas fue posteriormente encontrado muerto en una vía de tren.

Por aquel tiempo, el arzobispo Marcinkus estaba fomentando vínculos con el "Banco Ambrosiano", con sede en Milán, y en particular con el, en cierta época, colega de Sindona, Roberto Calvi, que estaba muy ocupado expandiendo el "Ambrosiano". El 18 de junio de 1982 Calvi fue encontrado ahorcado bajo el Blackfriars Bridge de Londres.

Una de las razones para que estos contactos se desarrollasen y para que el "Ambrosiano" estableciera Bancos en el extranjero, labor en la que Marcinkus llegó a jugar un papel considerable, era la urgente necesidad del Vaticano de dinero contante y sonante. Durante los años setenta su situación financiera era cada vez más frágil, una situación generalmente encubierta bajo el Papa Pablo VI, pero reconocida públicamente por el Papa Juan Pablo II. Éste era el momento en que Pablo VI negó al Opus Dei el estatuto de prelatura personal que Escrivá de Balaguer trataba de obtener; podría persuadirse al Papa a que reabriera la cuestión, razonó Escrivá, si el Opus desviaba algo de sus considerables fondos en la dirección del "IOR". La suma acordada fue que el Opus proporcionaría el treinta por ciento de los costes anuales del Vaticano (Así lo afirma José María Bernáldez, Tiempo, 1 de agosto dc 1983). El Vaticano quería que el dinero del Opus llegase al "IOR" de forma indirecta, a través del "Banco Ambrosiano". El Opus, por otra parte, quería que los pagos se hicieran a través de los Bancos controlados por "Rumasa" en Alemania, Suiza, Inglaterra, América Latina y otras partes. El Banco suizo de "Rumasa" era el "Nordfinanzbank", en Zürich, cuyo director de administración, junto con cuatro miembros del Opus, constituían la junta del "Limmat-Stiftung", una fundación del Opus Dei, también en Zürich, y que tiene lazos con Bancos del Opus Dei en todo el mundo. El "Nordfinazbank" y su director de administración, Arthur Wiederkehr, tenían acciones en las empresas de Calvi.

Aunque Ruiz-Mateos presentó pruebas de donativos en gran escala a los fondos del Opus, está lejos de quedar claro que se llevara a cabo el acuerdo de sostener las finanzas del Vaticano, que se desmoronaban. Por dos cosas: porque el Papa Juan Pablo II resultó más afín a los objetivos del Opus de lo que lo había sido Pablo VI, y porque el "Banco Ambrosiano" tenía problemas. El "Banco de Italia" hacía tiempo, desde 1978, que investigaba en sus operaciones y en sus conexiones con el "IOR". Ciertamente, la misteriosa muerte de Calvi puso fin a cualquier complicación del Opus que pudiera haber habido en un intento de solucionar las preocupaciones monetarias del Papa. Pero ahora ya no había necesidad alguna de proteger a la demasiado extendida "Rumasa". Menos de un año después de la muerte de Calvi, que también había quebrado, y, como Calvi antes que él, Ruiz-Mateos había huido a Londres.

A diferencia de tantos de aquellos que han sido actores principales en estos dramas financieros, Ruiz-Mateos vive todavía. Ha acusado a varios miembros del Opus de haber colaborado en la expropiación de "Rumasa", entre ellos a Luis Valls Taberner, del "Banco Popular". Por sus declaraciones públicas ha sido amenazado con la expulsión del Opus, del que al principio negaba ser miembro. La Oficina de Prensa del Opus en Madrid se vio obligada a hacer una manifestación. Confirmaba que:

"El 24 de mayo (Opus 1986] dio a José María Ruiz-Mateos que su forma de actuar y sus frecuentes declaraciones a lo largo de mucho tiempo no están de acuerdo con las obligaciones espirituales y formativas que él libremente contrajo con el Opus Dei, y que debía corregirlas. La prelatura nunca ha dejado de ofrecerle dicha ayuda, única y exclusivamente espiritual, a la que tiene derecho y que en realidad ha rechazado...

"Por otra parte, deploramos de nuevo que siga repitiendo afirmaciones y razonamientos que han sido negados en muchas ocasiones desde el 10 de enero de 1986 porque carecen de cualquier fundamento. En esa fecha esta oficina dijo que ningún director del Opus Dei estaba implicado en acuerdo alguno en relación con "Rumasa". Ni tampoco se le han dado a José María Ruiz-Mateos sugerencias, consejos o promesas de ninguna clase en lo referente a seguir en España o a salir del país ni en cuanto a la defensa técnica de su persona ni de sus legítimos intereses. No tiene ningún sentido atribuir al Opus Dei las consecuencias de los actos personales y libres, ni esperar de la prelatura ninguna clase de protección o de apoyo en asuntos profesionales, sociales, económicos ni políticos."

Todo lo cual no parece muy generoso por parte de una organización a la que, no sólo Ruiz-Mateos, sino también muchos miembros de su familia más cercana, habían dedicado gran parte de sus vidas y una gran cantidad de su dinero.

El Vaticano, mientras tanto, aunque se ha negado a aceptar responsabilidades por lo que los italianos denominan gráficamente el crack "Ambrosiano", ha dado algunas compensaciones: doscientos cincuenta millones de dólares, menos el descuento por haber hecho el pago de una vez, fueron entregados a los acreedores del "Ambrosiano" en mayo de 1985. Como el Vaticano, acuciado por la pobreza como dice estar, puedo encontrar tal suma, no ha sido explicado. Algunos comentaristas sospechan que de nuevo el Opus ha servido de ayuda. El Vaticano está ahora interesado en que al Opus se le permita la misma exención de impuestos en España de que gozan otras organizaciones eclesiásticas, como las órdenes religiosas, las diócesis, las parroquias, etc., bajo los acuerdos Iglesia española-Estado. Si tiene que estar bajo los acuerdos, entonces tiene que revelar mucho de sí misma, de sus propósitos, de su estructura, etc. No quiere hacerlo. Si el asunto llega al Parlamento español, es muy probable que toda la relación Iglesia-Estado sobre materia de tributación sea aireada y el resultado puede muy bien no ser beneficioso para la Iglesia. Por otro lado, si al Opus Dei no se le aprueba el estatuto de exención de impuestos, entonces se pondría en peligro una importante fuente de ingresos para la Iglesia. Es natural que el Vaticano haya suscitado la cuestión con el Gobierno de Madrid.

Si realmente el Opus puede repartir grandes sumas, entonces la fatal visita de Calvi a Londres puede reflejar la creencia del banquero de que el Opus podía sacarle de apuros. Tanto la señora Calvi como su hijo han afirmado que estaba esperando que el Opus preparase una operación de rescate. Han dicho que pensaba ir a España; en lugar de eso fue a Inglaterra. ¿Fue porque creía que el centro de las operaciones financieras del Opus estaba en la City de Londres? Giancanlo Zizola, el observador más avezado de la escena vaticana, señala que en Austin Friars, a no mucha distancia del Blackfniars Bridge, está el "Banco Urquijo Hispano-Americano", un Banco del Opus Dei, y es sabido que Ruiz-Mateos envió grandes sumas al Opus en Inglaterra. Quizás él, como Calvi, esperaba encontrar un apoyo en sus viejos amigos. Ambos fueron gravemente decepcionados, aunque Ruiz-Mateos vive para explicarlo.



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