El espíritu del Opus Dei en las casas de mayores

From Opus Dei info

Por Cooper, 25.04.2008


Leyendo envios de los últimos dias, me ha venido a la cabeza un tema que llevaba tiempo revoloteando por alli, aunque sin poderle darle forma. El tema es la arrogancia que envuelve el camino a la santidad en el Opus Dei. Me explico.

En la tradición de la Iglesia la relación personal con Dios es la que marca el Camino de Santidad, Dios mostrando su voluntad por un lado y el ser humano respondiendo como mejor sabe a las exigencias del momento. Este camino suele ser gradual, puede tener sus pausas, pero se basa en una demanda amable, sin broncas, ni exigencias. La de Jesús al joven que quería ser perfecto y que cuando se enteró de los requisitos que eso llevaba consigo se retiró triste, sin ser menospreciado por nadie. Solo Jesús podía mirar en su alma y no dijo nada, No estaba preparado o no era el momento, pero ahí queda el juicio suspendido.

En el Opus Dei las cosas no son así. Después de la captura de la persona, generalmente muy joven, con las cartas marcadas en una partida de todos contra uno y habiendole contado “de la Misa, la media” de lo que exigira su “vocación”; se considera esa “vocación “definitiva e inalterable, pase lo que pase y sin tener en cuenta para nada la voluntad de Dios, que afortunadamente no está obligado a seguir el espiritu de Opus Dei y actua como quiere y siempre que quiere, incluso después de ser uno miembro.

Aun asi, no es eso lo peor. Lo peor es que el Opus Dei sabe como hacer Santo a uno con una misma receta aplicable absolutamente a todos los miembros. Obedecer a los superiores incluso en temas de conciencia, hacer las Normas y trabajar; y eso desde después que uno sale del Centro de Estudios, donde se supone que uno ha sido suficientemente adiestrado.

¿Donde queda Dios en el plan de Santidad del Opus? A mi me parece que muy lejos porque hasta sus recomendaciones o las de la Iglesia han sido suplantadas por el espiritu de O.D.

¿Os imaginais a uno diciendo an su charla “Lo siento, he estado rezando mucho sobre esto y veo que Dios no me pide que cambie de carrera como me habeis pedido vosotros”?

Desde la falta de generosidad a la de espiritu sobrenatural, y desde el cambio de centro al cambio de ciudad, serían, como han sido, argumentos empleados en volver atrás esa decisión .

Ya sabemos que según el espiritu del Opus somos liberrimos en nuestra vida profesional y por lo tanto en su elección, pero eso es el plano exterior, el de mostrar al público. El interno es que o uno obedece o empezará la coaccion moral.

O si dijeses que quieres ver a tu familia, que están pasando un mal momento . “El dulcisimo precepto” para los de fuera.

O si no quieres cerrar tu empresa y dedicarte a un cargo interno. Otra vez la libertad.

O si dices que vas a ver a un amigo que se ha divorciado y lo está pasando mal.

O si tus padres necesitan , por una situación dificil un poco de dinero. Sobretodo cuando, como sería obvio, no son ricos.

Etc. Etc.

En todos estos casos, lo que puedas haber sacado de la oración con Dios, se borrará, por muy claro que tu tengas el tema, con “eso no es el espiritu del Ous Dei”

¿Desde cuando un espiritu, muchas veces expresado en catecismos o instrucciones o cartas semi secretas o simplemente ocultas, se puede imponer al plan de Dios, quien como digo no tiene por que seguir el espiritu del O.D. y que es, al final de todo, la razón de la permanencia en el Opus? ¿Qué espacio queda para la voluntad divina en el remolino de normas, escritos, instrucciones, cartas etc que son lo que guía las vidas de los miembros? ¿Cuando se habla del respeto a la persona y a su relación con Dios?

¿Y no es mucha pretensión concluir que el espiritu del Opus Dei, semi oculto para la Iglesia, obliga a Dios mismo?’

Por eso soy de los que creo que el desarrollo de una vida interior y de una mayor relación con Dios, puede ser una causa muy corriente de que la gente se quiera ir. Y hay numerosos ejemplos de ello.

¡Ah! Y los que no se van, frustrados en lo que sus cuerpos les piden e incluso en lo que les pide su alma. ¿De qué sirve intimar con Dios, si no te van a dejar hacer nada de lo que surja de eso? Empiezan la carrera de las “compensaciones “, las tonterias de que están llenas tantas casas de mayores: Los malos humores, los silencios, las explosiones, las dispensas, las pastillas, los celos. O las excepciones, las “excursiones”, los aparatitos electrónicos, el “mecachis que guapo soy” del que nos hablaba Para-guayo el otro día.



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