El autor de la oración preparatoria y de acción de gracias de la meditación

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Por Bienvenido, 6.04.2015



San Enrique de Ossó y Cervelló, fundador de la Congregación de Hermanas de la Compañía de santa Teresa de Jesús, llamadas también teresianas, nació en Vinebre, diócesis de Tortosa, provincia de Tarragona (España), el 16 de octubre de 1840 y murió el 27 de enero de 1896 en Gilet (Valencia), siendo uno de los sacerdotes más populares de la época en España por su labor apostólica y diversas fundaciones de laicos y religiosas...

Entre sus obras escritas resalta una titulada “El cuarto de hora de oración”, obra escrita por san Enrique para facilitar la práctica de la oración a los asociados de sus distintas fundaciones. San Enrique publicó este libro en el año 1874, libro que el autor mandó imprimir 15 veces y del que hasta la fecha se han publicado más de 50 ediciones. Esta obra del sacerdote catalán fue uno de los libros de meditaciones más conocidos, especialmente en el ámbito de Cataluña, Valencia y Aragón. Se extendió luego su fama por toda España y en Iberoamérica y constituyó un auxiliar para la oración personal de muchos jóvenes y adultos durante la segunda mitad del siglo XIX y primeros del XX.

San Enrique de Ossó, gran conocedor de la espiritualidad teresiana, sintió la necesidad de extender el carisma de Teresa de Jesús, que no es otro que el de la oración. Y enseñó a orar a la gente sencilla, a los niños, a los jóvenes, al pueblo de Dios, mediante una fórmula que hizo época: “Dadme un cuarto de hora de oración diaria y os prometo el cielo”. Era una fórmula que encerraba una gran sabiduría.

La oración personal es sin duda el medio más eficaz para conocer y amar a Cristo. Y ésta sí que fue la verdadera obsesión de san Enrique de Ossó. Pero conociendo las dificultades que la mayoría de los laicos tienen para sacar tiempo de sus actividades y compromisos, pensó que limitar el tiempo de la oración era una ayuda y un estímulo. ¿Quién no puede sacar de las 24 horas que tiene el día, al menos, un cuarto de hora? Y fue así como comenzó con la fórmula clave: un cuarto de hora, sólo un cuarto de hora. Primero fue la idea; después pensó en el auxiliar que ayudara a cumplir aquello que para las jóvenes Teresianas de la Archicofradía que acababa de fundar se convertiría en un compromiso diario. Para ellas, pues, escribió este librito: “El cuarto de hora de oración”. Se trataba de una serie de meditaciones ordenadas por semanas y temas.

La primera parte la dedicaba a la meditación –un tanto ignaciana- de las que se han llamado “verdades eternas”. No cabe duda de que son fundamento de una profundización en la fe y que muchas veces la gente las tenía olvidadas. Dos largos e interesantes “diálogos” con santa Teresa constituirán la parte teórica del libro de meditaciones y eran algo así como una “Escuela de oración” según el carisma y la experiencia de la santa de Ávila.

La segunda parte, mucho más larga, estaba dedicada a la meditación de la vida de Jesús y de textos del Evangelio. Hay también una serie de meditaciones sobre la Virgen, los santos, los sacramentos… etc.

Y por fin, las “Exclamaciones” de santa Teresa, bellísimas oraciones que la Santa escribió generalmente después de la comunión.

A manera de apéndice, las primeras ediciones del libro tenían también lo que llamaríamos un “Devocionario”.

Para el comienzo del cuarto de hora de oración, san Enrique de Ossó escribió la siguiente oración preparatoria:

“Omnipotente Dios y Señor y Padre mío amorisísimo, yo creo que por razón de tu inmensidad estás aquí presente en todo lugar, que estás aquí, dentro de mí, en medio de mi corazón, viendo los más ocultos pensamientos y afectos de mi alma, sin poder esconderme de tus divinos ojos.
Te adoro con la más profunda humildad y reverencia, desde el abismo de mi miseria y de mi nada, y os pido perdón de todos mis pecados que detesto con toda mi alma, y os pido gracias para hacer con provecho este “cuarto de hora de oración” que ofrezco a vuestra mayor gloria… ¡Oh Padre eterno! Por Jesús, por María, por José y Teresa de Jesús enseñadme a orar para conocerme y conoceros, para amaros siempre y haceros siempre amar. Amén.”

A continuación dice san Enrique en el librito:

“Después de la meditación podrás decir con toda pausa y fervor la siguiente:
Oración. Os doy gracias, Dios mío, por los buenos pensamientos, afectos y propósitos que me habéis inspirado en este rato de oración… Todo os lo ofrezco a vuestra mayor honra y gloria… y os pido gracia eficaz para ponerlos por obra... ¡Oh Padre Eterno! Por Jesús, Por María, por José y Teresa de Jesús dadme gracia ahora y siempre para cumplir en todas las cosas vuestra santísima voluntad. Amén.”

¿Os suena de algo estas oraciones?, siempre pensé que quien las compuso fue José María Escriba.




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