El Tiger Woods y el Opus Dei

From Opus Dei info

Por Unocomocualquiera, 3.05.2010


El amable lector se preguntará: ¿qué tiene que ver el Tiger con el Opus?, nada en apariencia, es sólo que en un articulo del New York Times que leí en algún aeropuerto de este mundo. Leí algo interesante ese domingo y me pareció digno de compartir en este foro.

Ya saben, en USA era el tema de discusión la infidelidad del Tiger. Como una persona propuesta como ejemplar, mesurada, seria y exitosa había podido llegar a la infidelidad, al menos 10 veces, destruyendo de paso su tan exitosa carrera. No es el tema juzgar al Tiger (a quien admiro por alguna extraña razón), sino lo que hace un par de semanas hizo. Salió en público y pidió perdón. Ese no es el punto, no vi la transmisión y el diario no imprimió el discurso… lo interesante es que el columnista, experto en imagen pública comentó: existen algunas condicionantes para pedir disculpa en publico… existe una praxis. Esta contiene dos consejos muy sencillos:

  1. El que pide perdón ha de pedir perdón del modo más específico posible… es decir, “te pido perdón porque te hice esto y aquello, y asin” (como solía decirnos Satur)… “y me doy cuenta de que te hice esto otro, y que te dañé”. Esto dice al lesionado que se sabe lo ocasionado y se es consciente del daño sufrido.
  2. Además, aquel que pide perdón ha de preguntar, “¿qué puedo hacer para reparar el daño?”... es decir, debe mostrar arrepentimiento de tal forma que se concrete en una forma de investigar y proponerse reparar.


El columnista, citando el ejemplo de Bill Clinton (y el cao Lewinski) y de cierto gobernador ultra conservador del midwest que recientemente fue sorprendido con su amante argentina, afirmaba: si estas dos condiciones no se cumplen, muchas veces es mejor no pedir perdón, pues hacerlo mal puede dejar las cosas peor que antes… puede dejar a la gente más dolida, aunque aquél que lo pide piense que sana su imagen, en realidad no es así. El columnista termina citando un libro llamado "On Apology" que explica las reglas básicas del cómo pedir perdón.

Eso me recordó cómo en la Obra nos insisten tanto en saber perdonar, pero nunca nos enseñan a pedir perdón. Cuando me llegó el turno me dijeron: “quiero pedirte, de parte de los directores, perdón: tenías razón”… ya sabéis, azorado pregunté: “tenía razón ¿en qué?”... me contestaron “en todo”. No se dijo más. No sirvió de nada y mi alma atormentada sigue pensando que podemos hacer las cosas mucho, muchísimo mejor para detener el éxodo de gente que se va... como dice Pablo Mialnes: “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”.

Siento no haber podido escribir antes, he estado un poco atareado (que no apareado) con las cosas terrenales. Tratando de encontrar la cuadratura a esta crisis y salvar, tanto como sea posible, empleos, el mio entre ellos… ahí vamos… pero retomando el tema de hace unos meses: si del Opus nos fuimos o nos corrieron… creo que ambas cosas. Nos fuimos porque se ha generado un ambiente de incongruencia tal y desesperanza que termina por corrernos. Nos fuimos porque la expectativa de depresión o vida inhumana nos corrió. Nos fuimos aunque nos rogaran que nos quedáramos, la incapacidad de los directores (yo entre ellos) de reconocer culpas y recuperar algo de sanidad corporativa, terminó por agotarnos y nos corrió.

Sobre si el agua bendita en la cama es una buena o mala piedad o si es mero acto de superstición, les comparto que la verdad es uno de los muy muchos problemas que NO me atormentan. Mi abuelita, qed, me lo enseñó cuando era niño, y así, como un recuerdo entrañable lo mantengo en la memoria.

Sobre si el Opus debería de desaparecer o no, o si hace mas daño que bien, creo (siguiendo mi tan etiquetado estilo de exnumerario bien), que es mejor que cambie, mejore y permanezca. Así como está no nos sirve y no le depara ningun bien. Si no cambia, no hay que desearle ningun mal, el sistema acabará naturalmente con el, como bien explicó Darwin. Sin embargo, quede para el registro histórico de esta web, tenemos una necesidad imperiosa de buenos cristianos en medio del mundo (como lo profesó Cristo)… aún y cuando algunos piensen que el cristianismo es una superstición. Pienso: dichosa superstición que hace que algunos traten de ser buenos, decentes y éticos. ¡¡Cuanta falta hacen estos en mis mundos y negocios!!. Qué tristeza ver que los grandes jefes de las grandes corporaciones son egoístas, narcisistas, maquiavélicos, infieles. ¡Cuánto por hacer!

Existen dos dudas que me aquejan… ¿por qué tenemos fascinación en el virtuoso caído?, ¿por qué nos detenemos a contemplar el mal sin hacer nada al respecto?. Existe un libro por allí que se llama “The Lucifer Effect”, que trata de esto y más, y al leerlo no tuve más que poner algo de agua bendita en mi cama para poder dormir. Ya veis, soy un irremediable pragmatista supersticioso.

Me busco un director de San Miguel caído, y reducido ahora a director de San Gabriel en una delegación menos importante. Lo estimo. ¿Para qué quería hablar conmigo?, para contarnos cosas de amigos y encontrar, ambos, un sentido a todo esto. Algunas discusiones de cómo influir mas en la sociedad y en la empresa, y en formas de que los colegios no cierren. En este país, en algunas diócesis, el 50% de los colegios católicos cerró durante el 2009 pues ya no hay dinero para mantenerlos. Son efectos del libre mercado… no tiene sentido pagar un colegio católico con peor nivel educativo que el público. El ejemplo del clero no ha sido bueno, más bien algo escandaloso. El ejemplo del cristiano de a pie, igual. En la homilía nos pidieron dinero abiertamente, en un vídeo del Obispo de esta antigua diócesis. Nunca existió la pregunta: si ya no dan dinero, ¿es porque algo hay que cambiar, mejorar o corregir?, ¿es un problema de la generosidad de ellos o de profesionalismo/coherencia de nosotros?... pocos hacen las preguntas adecuadas. De lo que sé es que si mi producto no vende, no es el consumidor el equivocado, probablemente el el producto (incluyendo el precio). No hay mucha ciencia. La ciencia viene cuando uno se plantea: ¿qué es lo que tengo cambiar o corregir o mejorar?.



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