Detesto la revolución del Opus Dei

From Opus Dei info

Por Damián, 27.07.2009


Detesto las revoluciones. Yo soy partidario de ejecutar reformas en las instituciones en la vida social y en el desarrollo de la religión. La historia ha demostrado hasta la saciedad que las revoluciones son crueles, estériles y detienen traumáticamente el lento prosperar de los hombres. Desde el siglo XVIII ciertos visionarios ebrios de poder han proclamado la legitimidad de la revolución en base a la defensa de la libertad, la igualdad y la fraternidad de los humanos.

Antropológicamente todas las revoluciones muestran una misma aburrida tipología. Al principio los líderes se hacen receptores de algún paradigma esotérico de salvación de toda la humanidad aportado por alguna fuerza extranatural, ello les lleva a creerse los únicos interpretadores del mensaje salvífico y sólo se comunica a los iniciados, el resto de los hombres son tontos y no lo entienden. Posteriormente los revolucionarios establecen un plan de puesta en marcha para hacer que todo un colectivo humano comulgue con las ideas de la revolución aunque para ello haya que suspender momentáneamente ciertas libertades hasta que se instaure el paraíso prometido destruyendo así el mensaje fundacional...

Durante la ejecución de la revolución se gestionan los cambios previstos impidiendo la actividad de los contrarrevolucionarios y para ello se anula el concepto de igualdad de los hombres porque a los disidentes se les excluye del género humano, se les cosifica intelectualmente y se les desprecia. Por último la revolución destruye toda fraternidad porque se maltrata y violenta no sólo a los contrarrevolucionarios sino también a los ingenuos que aún no han comulgado con la revolución, es cuando aparece el terror, el asesinato y la violencia psíquica.

Abomino de la revolución francesa porque su mensaje revolucionario de libertad, igualdad y fraternidad nunca se cumplió. Porque se suspendieron todas las libertades individuales cara a lograr un proselitismo universal. Porque excluyeron ominosamente de la raza humana al clero y a la nobleza considerándolos contrarrevolucionarios. Porque asesinaron a la familia real a los curas, a las monjas, a los nobles y a muchos ciudadanos del pueblo llano y establecieron un terror generalizado.

Condeno a las revoluciones marxistas porque su mensaje revolucionario de conseguir una dictadura del proletariado se convirtió en una tiranía del partido comunista y asesinaron a millones de rusos, de chinos y de camboyanos para entregarse al final a un capitalismo grotesco. Maldigo a la revolución nazi porque su mensaje revolucionario de hacer triunfar a la raza aria se convirtió en una maquinaria que asesinó a seis millones de judíos en virtud de su linaje originando un holocausto del cual se avergüenza toda la humanidad.


El Opus Dei ha sido un movimiento de renovación revolucionario en la iglesia católica. Su creador en su apostolado “únicamente dirigido a los católicos” siempre ha propuesto renovar a la cristiandad indicando que teníamos que ser mejores cristianos que los otros.

Al principio su fundador se hizo receptor el dos de octubre de un paradigma esotérico de salvación de toda la humanidad aportado por Dios, “La santificación del trabajo en la vida ordinaria”, él y los primeros de casa se creyeron los únicos interpretadores del mensaje salvífico del Opus Dei y que debían comunicarlo al resto de los hombres. Posteriormente se animó a que los numerarios trabajaran para hacer que todo el colectivo católico comulgara con sus ideas, “Se daría la vuelta al mundo como un calcetín…. Habrá un día en que a las doce de la mañana en la ONU se rezará el Ángelus” y todos los asociados a la Obra renunciaron a sostener sus mínimos derechos humanos hasta que se estableciese el paraíso prometido, sucediendo así que se destruyó el mensaje fundacional.

Durante la vida del Opus Dei se gestionan las tareas apostólicas y proselitistas previstas impidiendo la actividad de los contrarrevolucionarios y para ello se anula la libertad de los disidentes bien se les excomulga de la Iglesia o bien se les excluye del género humano con calumnias, con maledicencias y se les desprecia pública y privadamente. En el Opus Dei no existe ninguna igualdad entre sus socios los numerarios son los que tienen más poderes y derechos organizacionales, los supernumerarios son pastoreados hasta en su vida familiar por sus directores, los agregados son considerados como una muchedumbre subalterna complementaria y las numerarias auxiliares son las carentes de todo derecho. Por último la actividad del Opus Dei destruye toda fraternidad entre los socios que no son líderes, porque se les maltrata con la provocación de la vocación en la adolescencia, se les margina de su familia de sangre, se les coacciona a ordenarse como sacerdotes sin tener vocación, se difunden sus secretos de confesión, se les agrede con la corrección fraterna, se les explota como apóstoles, se les insulta con ironías y burlas, se les exprime como servidumbre doméstica y a muchas asociadas se les ha obligado a sacrificar su maternidad para realizar acciones terrenales estériles.

No sólo se maltrata a los disidentes contrarrevolucionarios sino también a los íntegros que han comulgado con su llamada a la santidad e intentan perseverar, en estos casos florece el terror que aplican los directores en sus charlas confidenciales, aparece el asesinato de las conciencias por ciertos sacerdotes indignos de su ministerio, emisores de consejos errados, escrupulosos e inflexibles en sus reproches equivocados y finalmente surge la violencia psíquica que llena de pastillas a todos los perseverantes.

Todas las revoluciones son efímeras en virtud de su ineficacia como salvadoras de la humanidad pasan y dejan solo restos ruinosos de amargura.

La revolución del Opus Dei está declinando de forma muy severa. Han perdido la batalla del tamaño cada día disminuye el número de sus asociados, si bien a comienzo de los años setenta se proclamaba que el total acumulado de los socios era de cien mil a fecha de hoy siguen siendo ochenta mil con serias perspectivas de disminución. Han perdido la batalla de la opinión, ellos han establecido su propia destrucción porque al seleccionarse como distintos y mejores que el resto de los católicos han ofendido gravemente al remanente de toda la cristiandad, no sólo a los católicos sino a los luteranos, ortodoxos etc. Al no lograr que piten los diplomáticos de naciones unidas el resto del mundo se les ha vuelto en contra. Han perdido la batalla moral porque han ofendido gravemente al cielo y los gritos lastimeros de los hijos de Dios maltratados con crueldad a manos de la Obra han llegado al trono del Supremo hacedor y ya están los tiempos preparados para que el Altísimo vengue con mano firme a los que torturaron a sus pequeños. No obstante y porque Dios se alegra del arrepentimiento de los pecadores aún pueden salvarse si piden perdón, reparan sus daños y se ocultan en algún lugar recóndito para hacer penitencia.

Los curiados vaticanos y yo tenemos absoluta certeza de que su tiempo revolucionario se acaba y esta es la razón por la que escribo con soltura y entera libertad estas líneas.



Original

Personal tools