Desaceleración en el Opus Dei

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Por Trinity, 11.06.2008


Mal asunto cuando ves que te dicen que no es que haya crisis en la Obra, pero que nos encontramos en una etapa en que es urgente activar el nervio apostólico de l@s fieles de la Prelatura.

Y es que, al volver de las últimas convivencias especiales que se han tenido en Roma, el guión que nos están contando es que hemos superado con garbo la etapa de implantación jurídica"(¡qué ingenuidad pretender que nos lo creamos!), y hemos pasado a la etapa de expansión apostólica.

Aplicando el principio de contrariedad de Markus Tank, esto debe querer decir que están pinchando en hueso en la implantación de la institución como prelatura y han llegado a la conclusión de que, para presionar con más fuerza en ese sentido, necesitan vigorizar la institución, no vaya a ser de que en el Vaticano se den cuenta de que ya no es lo que fue en los tiempos en que consiguió ser erigida como prelatura personal, y decidan ponerla en su sitio, retirándole la autonomía absoluta de que goza actualmente.

Es lo mismo que estuvo propalando en febrero pasado el vicario regional de España, con las directoras y directores de los centros, durante el periplo que hizo por las distintas Delegaciones españolas al volver de Roma: No es que ahora atravesemos graves dificultades –venía a decir-, sino que el fundador, cuando las tenía, reaccionaba siempre con más alegría, con más optimismo, con más fe. Y exhortaba, como objetivo práctico, a “adelantar los tiempos” (en referencia a cómo la Virgen consiguió en Caná de Galilea que Jesús adelantara el momento de empezar a realizar milagros) en la labor apostólica.

Pero no: que nadie se confunda y vaya a pensar que esa fe nos tenga que llevar a rezar con más insistencia. De lo que se trata –seguía diciéndonos mons. Herrando- es de no discutir las directrices apostólicas (teniéndolas como divinas) que vienen de las autoridades de la prelatura –como los sirvientes no discutieron lo que les dijo Jesús-, y ponernos a hacer en un año lo que antes hacíamos en tres: si antes veíamos a una persona cada tres semanas, ahora hay que verla semanalmente. Y para eso, hay que recordárselo, llamándolas o mandándoles un sms, como decía él que hacía con sus dirigidos.

O sea, que hay que lanzarse a un activismo frenético, como frenético es cada vez más el estado anímico de l@s que gobiernan la Obra: El ritmo lo hemos de poner nosotros –seguía diciendo Herrando-: ellos tienden a un ritmo lento, pero nosotros hemos de adelantar los tiempos. Es decir, que no se trata de caminar al ritmo del Espíritu Santo, intentando discernir las disposiciones interiores de la persona que tratamos.

Esto no es más que un marketing empresarial, donde lo único que interesa es la cuenta de resultados: Tú tienes que estar preparado –nos confesaba que decía a sus dirigidos- para ser del Opus Dei en abril; tú en octubre; tú en mayo. Pero no te preocupes, que yo te ayudo.

Es terrible. Y no sólo por el planteamiento tan poco sobrenatural, sino sobre todo porque el nivel de ofuscación que han alcanzado es tan grande que ya no se recatan de manifestar en público tamaños despropósitos.

Pero no acaba aquí el asunto, sino que llegaba a afirmar que nadie está en el Opus Dei porque Dios le haya movido a entrar: No hay que esperar a que nos pidan entrar en la Obra: ninguno de nosotros lo pidió, a todos nos lo pidieron. Nosotros somos los que tenemos que pedírselo a ellos. Será por eso, pensé yo, por lo que perseveran tan poc@s. Y seguía diciendo que lo que tienen que hacer los consejos locales es reunirse más, revisar objetivos, repasar listas de gente, pedirle más a la gente –y nos contaba cómo pide dinero a sus dirigidos.

Pero, ¿todo este montaje –tan interesado y humanorro- es opus Dei? Menos mal que aún quedan algun@s en la Obra con la madurez suficiente como para no conectar con este tipo de movidas.



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