Culto al cuerpo y al poder en el Opus

From Opus Dei info

Por Lali Riera, 1 de agosto de 2007


Al igual que en los centros del Opus Dei se limpia sobre limpio porque así está establecido, también se hacen multitud de organizaciones para tener a la gente con la mente ocupada y así no se les salgan del tiesto, ni echen de menos a su familia ni la vida que llevan los demás, la real. Siempre y en todo hay que hacer lo que los demás del centro hacen y lo que los directores han previsto, aprobado y transmitido en sus decenas de reuniones. Así, todos sujetos y todos controlados porque de eso se trata. Si por hacer lo que ellos dicen haces de tu vida una lista interminable de tonterías vacías y sin sentido, te aplauden y eres de los que no dan problemas. Si por seguir el sentido común y hacer de tu vida algo que tenga sentido evangélico o sientes ganas de vivir como una persona, debes hacerlo a escondidas de tantísimos controles.

Hay que demostrar que tienes mucho que hacer y moverte mucho. Leen horas y horas –eso está muy bien visto- y así se evaden de los demás y ocupan su tiempo. Hacen viajes, deportes caros y baratos, horas y días de descanso porque hay una especie de psicosis de cansancio y del número de horas de sueño. Tienen un sinfín de actividades aprobadas. Piensan en si están cansados o no por el trabajo realizado y en el cansancio. Van todos a una y en grupos, todos lo mismo como si fueran niños, es una verdadera guardería de personas inmaduras que piden y piden. Como se saben muy bien la teoría, todo son derechos. Tienen de todo y no les falta de nada. Su calendario repleto de fiestas y todo lo tienen sobradamente cubierto.

Es un verdadero culto al cuerpo, piensan muchísimo más en sí mismos y en su cuerpo que en su alma.

¿Cuánto tiempo emplean en los demás, los santos? ¿Cuándo piensan en sí mismos? Conste que el camino al cielo es uno y único, el Evangélico, aunque haya muchas formas de andarlo, tantos como personas o caminos, pero el resultado debe ser el mismo para todos, todos iguales de santos. Los santos tienen las mismas virtudes, el mismo reflejo de Jesús. No esperan nada a cambio de su vida, lo dan todo, sirven y son esclavos de todas las personas. Se dan sin medida. Están por encima de todo porque sólo confían en Dios porque saben que les dará el pan nuestro de cada día como el maná en el desierto, que no valía de un día para otro. Sólo sueñan con el cielo.

Cuando piensan en los demás los del Opus Dei están llenos de tisquismisquis –los educan así-, de envidias, de comparaciones. Todos quieren ser el mejor, tener un buen currículo en títulos de director y para conseguirlo no tienen inconveniente en mentir, engañar, aparentar. ¡Cuántas puñaladas traperas! ¿Cómo pueden pensar tan rastreramente de los demás? Se chivan, extorsionan la realidad de los demás, se excusan echando las culpas a los otros. Críticas mordaces.

Se comparan porque todos quieren ser director, -es una competitividad para brillar, para tener honra, ser llamados directores, cuanto más altos mejor. Buscan mandar, que les den cargos, síntoma de “valía”, se olvidan de Dios, por el cargo venden el alma a los directores. Se vuelven lameculos, y obediencia ciega a un sinfín de escritos que hacen olvidar los valores fundamentales y ser verdaderamente persona, todo teórico, menudencias perfeccionistas y agobiantes, hasta inhumanas.

Personas como he dicho totalmente teóricas, dan lecciones siempre, son los mejores, “los que más valen”, mandan y organizan como están acostumbradas, no saben ponerse en la realidad y mandan y organizan a los demás por puro vicio. Tienen a mucha gente en muchos sitios para obedecerles y cuanto más mejor. Muchas imposiciones.

Sobre el modo de vestir hay mucho que decir; cuanto tiempo y viajes emplean en las compras, tiempo, dinero y cabeza. Reflexionan sobre la moda y lo que necesitan comprarse. De compararse con alguien se comparan con los ricos, no con los pobres. ¿Pobres? Sí de alma porque de cuerpo les sobra. Las conversaciones sobre la moda son frecuentes, se alaban entre sí y se fijan en como se viste la gente, y así por el vestir, las seleccionan. Entre ellos se comparan, tienen envidia, se critican.

Les horroriza que las cataloguen de anticuadas, de ñoñas o de monjas. Se las distingue de lejos por ser cursis, conjuntadas en todo. Parecen figurines, están obsesionadas con los kilos. Hacen mucho deporte, cuidan al máximo lo que comen y para ello pasan voluntariamente hambre. Cuanto más delgadas mejor. Conozco algunas anoréxicas y la mayoría están famélicas.

Es decir en lugar de estar pendientes del alma y de las almas, están pendientes de su físico, llegando a la obsesión, cosa que anula la actividad del alma y el diablo sonríe, consigue lo que busca, que den vueltas y se empleen en vanidad, así de paso adelgazan el alma.

No es el estilo de vida que llevan los santos para ir al cielo. En lo que menos se fijan es en el cuerpo. Quizás también pueden estar delgados pero por desgaste. Los santos tienen una única obsesión, las personas por amor de Dios. Desaparecen de la vista de todos pero sí hacen lo que Dios les pide. Es un silencioso ejemplo que es el apostolado que Dios quiere. Eso tiene fuerza que arrastra, no lo que hacen los del Opus Dei.



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