Citas y sorpresas

From Opus Dei info

Por Torch, 26.03.2010


Hola, cito a continuación unos textos:

“Una pequeña acción, hecha contra alguna inclinación natural por amor de Dios, aunque sea consecuente o de carácter pasivo en sí misma, soportar un insulto, hacer frente a un peligro, renunciar a una ventaja, tiene en sí un poder de romper el polvo y la paja de la mera profesión.”

“Aquél, pues, es perfecto si hace su trabajo diario con perfección y no necesitamos ir más allá para buscarla. No necesitas encontrar el hilo negro.”

“La voluntad cristiana sentirá que la verdadera contemplación de su Salvador está en los negocios mundanos; que, así como Cristo está en el pobre, en el perseguido y en los niños, así también está en los empleos que Él pone sobre sus elegidos, sean los que sean; que al atender su misma llamada, el fiel cristiano tendrá un encuentro con Cristo, y si fuera negligente con su trabajo, no encontrará Su presencia en esa labor, sin embargo, al realizarla, encontrará que Cristo se le revela en su alma ahí en las acciones ordinarias del día, como si fuera un sacramento.”

¿Os suenan conocidas estas ideas? A mí un poco… pero fueron escritas por el Venerable John Henry Newman (converso del anglicanismo, sacerdote oratoriano, que va a ser beatificado por Benedicto XVI en Inglaterra este septiembre y, quizás, será en un tiempo doctor de la Iglesia). Newman vivió y murió en el siglo XIX. Continúo con las citas:

“Es un dicho entre los hombres santos que, si queremos ser perfectos, no hemos de hacer nada más que realizar bien nuestros deberes ordinarios de la jornada. Un camino corto a la perfección – corto, no porque sea fácil, sino porque es pertinente e inteligible. Sin embargo, no hay caminos cortos a la perfección, los hay seguros. Pienso que esta es una instrucción que puede ser de gran utilidad práctica para gente como nosotros. Es fácil tener ideas vagas de lo que la perfección es, que sirven suficientemente bien para hablar de ella, cuando no tenemos intención de apuntar hacia ella; pero tan pronto como una persona de verdad desea y se propone buscarla, se haya poco satisfecho con cualquier cosa que no sea clara y tangible, y que constituya algún tipo de dirección hacia su práctica.”

“No te empujaría a vivir cualquier mortificación. Te diré cuál es la mayor mortificación: hacer bien los deberes ordinarios de la jornada. La determinación de levantarse a una hora dada – de vivir ciertas devociones… no te preocupes demasiado por ellas, sino más bien sigue tus reglas – y ya encontrarás con eso suficiente prueba.”

Tomé estas citas de un librito llamado “Vida diaria del cristiano” que recopila una selección de la predicación oral y escrita del Cardenal Newman. La verdad es que me llevé una grata sorpresa leyéndolo. Parecida a la que tuve cuando me decidí a leer opuslibros.

Cada quien que saque sus consecuencias de estas citas. Las mías son que San Josemaría es original, pero no necesariamente novedoso. Es decir, creo de verdad que llegó a descubrir la santificación del cristiano en medio de su vida diaria (tal como se glosa en la homilía del campus de Navarra del 67 que me gusta mucho) por sus propios medios e intuiciones que Dios le dio. Pero no puede pedir el copyright (ni San Josemaría, ni nosotros en el Opus Dei) pues son ideas católicas (“viejas como el evangelio y como el evangelio nuevas”). Son intuiciones que nacen del evangelio y pueden ser descubiertas por cualquier católico y aun los sólo cristianos (Newman escribió algunas de estas citas cuando aún era anglicano), el Espíritu Santo sopla donde quiere.

Soy del Opus Dei y comparto muchas de las ideas de opuslibros (he de decir que no todas, pero sé que este es un espacio plural: no todos los que publican están de acuerdo con todo lo que se publica). Estoy completamente en sintonía con aquellos que dicen que la Obra no debe ser una institución con pretensiones de absoluto. Como si fuera un "bypass" o contacto único y directo con la divinidad. Como si cualquier persona – dentro o fuera del Opus Dei – sólo pudiese regir su juicio abrevando de las fuentes internas. Como si no tuviésemos conciencia propia y no fuésemos fieles católicos que recibimos cosas muy buenas de la Iglesia (independientemente de la Obra, de la que yo también he recibido cosas muy buenas), de sus sacramentos y de sus pastores (nuestros pastores, mis pastores), de los demás cristianos, de los hombres y mujeres en general... La obra es "partecica" de la Iglesia, en el sentido de que es una institución más, no una "iglesia en miniatura".

Además de pertenecer al Opus Dei, me dedico a la sociología. Entiendo la preocupación de Mons. Escrivá para dejar todo "esculpido", interpreto un poco su expresión como un llamado a la prudencia, a no descartar de un plumazo las costumbres del Opus Dei, movidos por un impulso caprichoso, inmaduro y comodón. Sin embargo esa pretensión no puede ser absoluta, a riesgo de crear una secta católica. La humanidad ha buscado por siglos crear estructuras que le resuelvan el problema de la ambigüedad, de no tener que decidir en la incertidumbre, de tan sólo seguir unas reglas claras y concretas que nos quiten la pena de pensar y decidir por uno mismo.

Estos esfuerzos para quitar la ambigüedad, han terminado en tragedia o en fracaso. Los regímenes políticos totalitarios y las sectas extremistas son ejemplo de las tragedias. Todos los demás intentos del famoso “todo está dicho” (códigos, principios, reglas “definitivas”, hasta sistemas operativos Windows® - siempre dicen que éste sí será la solución a todos los problemas de la anterior versión) simplemente terminan siendo falsos y estériles. La ambigüedad y necesidad de verdadero discernimiento espiritual no desaparece cuando cumplimos con todo lo mandado, dicho, escrito y ordenado. Menos cuando lo hacemos con una actitud propia de los robots.

Si Dios corrió el riesgo de nuestra libertad, los hombres no tenemos más que hacerlo también (padres de familia, gobernantes, directores). Durante los primeros años de mi vocación traté de vivir todo lo que estaba indicado y tal como estaba dicho, a golpe de voluntad. Me deprimí. Gracias a Dios no pasé por las pastillitas y barbitúricos, pero apunto estuve. Pensaba que si cumplía con todo a rajatabla sería feliz (después, en algún momento lejano): la zanahoria atada a un palo de la cabeza del burro. Hasta que descubrí que lo esencial (el amor a Dios, y a los demás: la amistad verdadera) es lo que le da sentido a la vida: las normas de Dios son relativamente importantes, el que es realmente importante es Él. El apostolado de los amigos se instrumentaliza fácilmente (números, actividades, tertulias, etc.), si los amigos no nos interesan por sí mismos.

Dicen por ahí que la verdad es sinfónica. Creo que la vida verdadera también lo es. El Opus Dei debería estar en la vida de sus miembros, en su pluralidad, en sus intuiciones, ideas, iniciativas (desde el Prelado hasta el último adscrito – aunque yo también estoy de acuerdo con que pitar a los 14 y medio no facilita en nada el discernimiento vocacional, ni la madurez). La Obra no es tan sólo una estructura (a veces, aceptémoslo, demasiado abarcante, centralizada y burocrática) ni un conjunto de reglas sancionadas por la autoridad (aunque la autoridad haya sido santa) para cumplirse sin criterio.

Y hasta aquí llego. Pongo otra cita de Newman que me ha gustado. Ya no sigo con el tema de la conciencia del que Newman escribió muy claro (y Ratzinger recoge también).

“Si el cristianismo es una religión universal, hecha no simplemente para una localidad o periodo determinados, sino para todos los tiempos y todos los lugares, no puede sino variar en sus relaciones y asuntos para con el mundo que le rodea, esto es, se desarrollará.” (del mismo libro)

Creo que no hay que tenerle miedo a pensar… aunque las consecuencias sean inciertas. Esto me lo dijeron hace muchos ayeres en un centro del Opus Dei (aunque da igual: es sentido común). Gracias por el espacio.



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