Atrévete a saber

From Opus Dei info

Por Idiota, 7.10.2005


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La cita del cardenal Ratzinger

Siguiendo el aviso de Isla (20.07.05), me he leído en parte el portal dedicado a cuestiones candentes sobre la Iglesia y el Opus Dei, creado por Santiago "Santi" Mata (Atrévete a saber: Apuesta por ti: http://atreveteasaber.centroeu.com/). En este correo y en otros que seguirán, si la vida me da para tanto, me gustaría entrar en un diálogo con este numerario, licenciado en Periodismo y doctor en Historia. Me concentro, sobre todo, en el apartado "Críticas al Opus Dei" en el que el autor intenta hacer justicia al fenómeno OpusLibros.

A modo de introducción, el apartado comienza con una cita del cardenal Ratzinger (actualmente Papa Benedicto XVI): según Santi, son palabras escritas o pronunciadas en 1980 con ocasión del primer viaje pastoral de Juan Pablo II a Alemania. La cita critica a corrientes intraeclesiales cuya perspectiva de la Iglesia, radicalmente negativa, desvía la mirada de la existencia de un Dios que es, ante todo, paráclito, es decir, defensor del ser humano...

Sin duda, aquí se nos presenta el primer problema. Aun sin haber cursado los estudios institucionales ("internos"), no es difícil percibir que hay una diferencia entre el grupo de personas que el cardenal Ratzinger describe a través de sus características, fuera del espacio y el tiempo, y el grupo de personas que coordina y/o escribe en OpusLibros. Y es que, en sentido fregeano, una cosa es constituir un sentido (o intensión) lógico, como, por ejemplo, hablando del "lucero matutino", y otra cosa muy distinta es relacionar ese sentido con un significado (o extensión) ontológico, como cuando nos referimos al planeta Venus. Nada ni nadie (ni siquiera el cardenal Ratzinger) nos autoriza a referir la descripción realizada en la cita a OpusLibros; el único que sugiere implícitamente su aplicabilidad a OpusLibros es Santi, sin que quede muy claro por qué.

Mientras que no pongo en duda la existencia de las corrientes intraeclesiales descritas (se llamen como se llamen), es muy discutible que la cita se aplique a OpusLibros:

¿"Son tonos secundarios de debilidad o de negación humanas dentro de la Iglesia"? Sin duda, nuestra voz es "secundaria" en la Iglesia, por los motivos que ya expliqué (Inmunología, 16.03.05). Pero no se puede hablar de debilidad o de negación en personas que están buscando y encontrando fortaleza y afirmación de orden humano y sobrenatural en OpusLibros. A menos que Santi piense que abandonar el Opus Dei sea un signo de "debilidad", a pesar de los testimonios contrarios (por ejemplo, en torno a los mensajes de Luchadora).

"Se puede mirar al hombre, al mundo y a la Iglesia desde la perspectiva del acusador y dar a una imputación permanente como esa la apariencia de la más elevada moral." ¿Lo está haciendo OpusLibros? En OpusLibros nadie se da "la apariencia de la más elevada moral": los temas que se tocan se refieren más bien a estándares mínimos de moral, más allá de los cuales se encuentra el amplio reino de lo opinable (véanse los debates sobre la homosexualidad). En OpusLibros no existe la "imputación permanente" ya que se admiten toda clase de opiniones, inclusive la que le imputa toda clase de males. OpusLibros "imputa" y "es imputado". En OpusLibros, finalmente, tampoco se plantean las cosas desde la "perspectiva del acusador", ya que aparecen muchos testimonios y reflexiones personales desde las perspectivas más variadas. Más adecuado sería, quizás, hablar en muchos casos de una "perspectiva de la víctima".

Para concluir, no hay frase que OpusLibros (al menos en buena parte) no suscriba con más entusiasmo que la que cierra la cita del cardenal: "Cristo ha venido para defender al hombre, de ese modo se defiende Dios a sí mismo."

(¿Y quién sabe si la actitud de Benedicto XVI hacia el Opus Dei no se acercará algún día a lo que nos cuenta Demetrio (29.07.05) sobre el Padre Burresi?)

Los mensajes anónimos se tiran

Antes de continuar mi diálogo con Santi, quisiera aprovechar la ocasión para felicitar de todo corazón a Agustina por su próximo cumpleaños y para dedicarle, en cierto modo como regalo, esta serie de mensajitos. Además quisiera unirme al coro de despedida de Satur, deseando y pidiéndole que no sea definitiva.

Cuando uno empieza a leer la página de Santi, lo primero que llama la atención (bajo el epígrafe "Las críticas al Opus Dei") es la siguiente afirmación: "No pretendo examinar todas las posibles críticas sobre el Opus Dei, sino algunas que pueden parecer más verosímiles."

Uno se esperaría, por tanto, que el autor examinase con la debida atención una serie de temas que suelen aparecer en la discusión sobre la Obra como, por ejemplo, los siguientes (cuya fuente no mencionaré)...

  • carácter secreto y sectario
  • situación teológica y canónica irregular ("iglesia en la Iglesia")
  • culto a un líder carismático
  • indoctrinación de ideas religiosas propias de carácter fundamentalista
  • praxis religiosa propia conducente a trastornos psíquicos
  • discriminación de la mujer
  • proselitismo agresivo y manipulador sobre todo con menores
  • separación de la familia y de los ambientes sociales "normales"
  • tejemanejes financieros
  • apoyo político a regímenes dictatoriales.

Sin embargo, nada de eso se encontrará en ese texto. Es en ese momento cuando se descubre que la palabra "crítica" se puede referir tanto al contenido, a los temas, como al hecho en sí, a la acción y el efecto de "criticar". Es decir, nuestro autor no va a tocar tanto los temas de crítica, como el hecho (y sobre todo las circunstancias) de la acción de criticar. Como Santi vuelve más tarde a este tema, esperaremos hasta entonces para seguir.

A Santi lo que le interesa es la "verdad", es decir, la vieja "adaequatio rei et intellectus" (Tomás de Aquino, De veritate). Como bien sabemos, a la verdad se puede llegar bien por "intuición" propia, a través del propio intelecto que se enfrenta con la realidad, bien por la "fe" en una "intuición" ajena, lo cual implica la aceptación de determinadas proposiciones como verdaderas confiando en la autoridad intelectual y moral de otra persona. Y tiene razón: todo lo que no vemos, lo aceptamos porque nos lo creemos. Nos creemos lo que nos dice nuestro mejor amigo, lo que nos cuentan en los medios de comunicación, lo que aparece en revistas y libros especializados y, lógicamente, también lo que aparece en las páginas web. Así pues, nos encontramos en internet tanto con OpusDei.org como con OpusLibros.org: ¿A quién creer? ¿En quién confiar?

La única manera de solucionar este aparente conflicto es enumerar las razones por las cuales una fuente resulta más "creíble", "digna de crédito", que la otra, sin tener que aplicar el intelecto directamente a las realidades en cuestión (lo cual implicaría, en nuestro caso, ni más ni menos que hacerse miembro del Opus Dei). Puesto que nos basamos, como queda dicho, en la "autoridad intelectual y moral" de nuestras fuentes, está claro que tenemos que responder a tres preguntas: ¿Quiénes son estas fuentes? ¿En qué consiste su "autoridad intelectual"? ¿En qué consiste su "autoridad moral"?

Éste es el punto que toca Santi: No se puede creer a personas cuya identidad no se conoce: "los mensajes anónimos se tiran: no tienen credibilidad". También aquí hay un problema: tenemos que distinguir entre la persona y su identidad. En principio, para estar seguros de que nuestra "fe" tiene una base racional, deberíamos conocer a las personas (con su identidad) y sólo entonces "creerles". Es decir, no sólo deberíamos saber cómo "se llama" una persona, sino también, a través del trato personal, saber cómo "es" y conocer con exactitud sus cualidades intelectuales (capacidad de conocer la realidad) y morales (disposición de decir la verdad). Si restringiéramos nuestra "fe" a estos casos, no podríamos creernos nada de lo que nos dicen los medios de comunicación, las revistas y libros científicos o el internet, puesto que no conocemos a las personas. Es más, la fabulosa página de OpusDei.org sería muy poco de fiar ya que todo el material está firmado por la "Oficina de Información del Opus Dei en Internet". Por la misma regla de tres, OpusLibros.org podría firmar perfectamente como "Asociación de Ex-Miembros de la Prelatura del Opus Dei".

Llegamos, pues, a la conclusión de que, en la práctica, no hace falta conocer a las personas, para "creerles", aunque es lo deseable y lo más seguro. El problema que surge aquí es que, si no conocemos a las personas a través del trato directo, no podemos saber cómo "son" y conocer con exactitud sus cualidades intelectuales (capacidad de conocer la realidad) y morales (disposición de decir la verdad). Por tanto, si no conocemos a las personas a través del trato directo, da más o menos igual si conocemos su identidad o no; es más, el hecho de conocer su identidad podría sugerirnos un conocimiento de la persona que no tenemos. De hecho, no hay nada que nos garantice que una persona que firme con un nombre (que no sabemos si es el suyo) sea más creíble que una persona que permanece anónima o que firma con un pseudónimo. No vayamos a engañarnos: el hecho de que la persona que firma (en) una página web (un artículo, etc.) firme con el nombre de "Satur", "Idiota", "Santiago Mata" o "Agustina López de los Mozos Muñoz" no añade ni quita un ápice de credibilidad a la página, mientras no conozcamos a esa persona. ¿Qué motivos hay para confiar más en el uno que en el otro? (La presencia de una foto en la página tampoco mejora las cosas.)

Por tanto, ya se ve que la solución del problema sólo se puede alcanzar contestando a las otras dos preguntas: ¿En qué consiste su "autoridad intelectual"? ¿En qué consiste su "autoridad moral"? Santi decide contestar la primera pregunta (que, a mi modo de ver, es la más importante) más tarde y pasa a contestar la segunda (y, a mi modo de ver, la secundaria). Yo acabo de ligar la "autoridad moral" de una persona en cuestiones de "fe" a la "disposición de decir la verdad", un punto, en el que, en la situación en que nos encontramos (explicada más arriba), preferimos conceder de entrada el beneficio de la duda. Dicho en plata: cuando no conozco a una persona, parto de la idea de que tiene la "disposición de decir la verdad", asumiendo el riesgo de que la confianza inicial que deposito en ella, pueda verse defraudada. Si lo hiciera al revés (cosa lógica según lo visto arriba), sería prácticamente imposible vivir en sociedad.

Santi, sin embargo, decide que, en el caso de Agustina, no le puede conceder el beneficio de la duda. ¿Cuál es el motivo que le lleva a poner en duda implícitamente la "autoridad moral" de Agustina? En un primer momento, da la impresión de que el problema reside en que Agustina se presentó al comienzo en forma anónima. Si esto quedara así, se trataría de un argumentación circular. En un segundo momento, se descubre que Agustina ha cometido un "pecado original": según Santi, las páginas web anónimas (o bien las que no están registradas en Whois) son ilegales. (Realmente, ayudaría mucho a la credibilidad de Santi que nos dijera qué ley española o internacional prohibe las páginas web anónimas.) En un tercer momento, descubrimos que el hecho de que Agustina se haya identificado, no sirve para reparar el "pecado original": éste es "irreparable" e "imperdonable". Según Santi, quien comete este pecado ha manifestado "que, al menos hasta ese momento, simplemente [...] no quería asumir su propia responsabilidad". Agustina, según Santi, ha dado muestras de "conducta irresponsable", es decir, "no ha dado la cara", y se ha descalificado como "autoridad moral". No veo que se pueda dar tan fácilmente el salto desde la equivocación material al juicio sobre las intenciones de una persona. Eso sí, en el Opus Dei, uno aprende a derivar de cualquier acto observado un juicio moral o espiritual: es muy fácil decir que la acción X es "señal de mal espíritu/soberbia/falta de generosidad/..." Pues yo, la verdad, prefiero en ese punto la actitud de un tal Jesús de Nazaret; me resulta más simpática: "No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá." (Mt 7, 1-2)

El problema que encuentro aquí es que, sin entrar en la calificación moral o legal de la conducta de Agustina, no veo qué tiene que ver esa equivocación puntual y su (desaforada) interpretación moralizante con el punto que debería interesar a Santi: la "disposición de decir la verdad". ¿Puede afectar la equivocación de Agustina (y su discutible interpretación) a la "disposición de decir la verdad"? En el fondo, no de un modo causal; como mucho, se podría decir que el hecho de que una persona cometa una equivocación (presuntamente intencional) es un indicio de que en otros temas también podría cometer equivocaciones, faltas, pecados. Eso, por supuesto, se puede aplicar a todo el mundo; es un principio muy general, universalmente válido, ya que nadie es impecable (con la excepción de la Virgen y de Jesucristo).

Parece que Santi, al final del apartado, se dio cuenta (más o menos claramente) de que su razonamiento podría perder efectividad; así que, rápidamente cambia de tema: de repente ya no se trata de la "autoridad moral" como indicativo de la credibilidad de las afirmaciones de una persona a la que no conocemos personalmente, sino de la "autoridad moral" para dar consejos:

"No es de recibo ponerse a dar consejos sin presentarse, porque una conducta irresponsable difícilmente puede ser prueba de que lo que se aconseja es una conducta responsable."

Ya no se entiende nada: ¿Qué es una conducta responsable? ¿A cuál de los muchos consejos de la página se aplica el adjetivo "(ir)responsable"? ¿Cómo se puede "probar" la "responsabilidad de una conducta"? ¿Qué tiene que ver la equivocación de Agustina con los consejos que se dan en la página? Se me han fundido los circuitos, así que continuaré otro día.

O a lo mejor es que soy un

Idiota...

Algunas aclaraciones

Parece que esta modesta serie de correos, que no pretendía ser más que un ejercicio de sentido común, ha levantado más revuelo del que esperaba.

Para empezar, mis comentarios ya no se referirán a la versión de la página de Santiago Mata del 27.06.05, sino a la del 10.08. (o a las que sean de actualidad en cada momento). En la nueva versión, desaparecen los textos que se refieren directamente a Agustina y a Satur, aunque, en el apartado "Los mensajes anónimos se tiran" y en otras partes quedan un par de puntos que hay que comentar...

El primero es la cuestión del "falso Satur" (Satur, 01.08.05): Si partimos de la idea (no necesariamente correcta) de que todo el que no utiliza su nombre y sus dos apellidos, puede estar utilizando un pseudónimo o un "nick", coincido con Satur: "¿Qué importará si me llamo Satur, Próstratos, Suso o Cojoncio? ¿Cambia algo el nombre, el nick, el seudónimo sobre el contenido de lo escrito?" En ningún momento, según lo que he podido leer, se ha hecho pasar por otro, es decir, se ha atribuído dichos y hechos de otra persona. Y, respecto a la nueva versión, lo que me pregunto es: ¿quién es Santi para "disculpar el incidente", un incidente que ni siquiera existe? Sobre el "juzgar" y el "ser juzgados", ya escribí y no me repito. Y me sorprende que "disculpe el incidente", "[d]ado que finalmente reconoció este hecho y dijo que no escribiría más", dando la impresión de que el hecho de que Satur haya dejado (quizás sólo temporalmente) de escribir, tiene algo que ver con todo esto.

El segundo punto es la argumentación que queda bajo el epígrafe de "Los mensajes anónimos se tiran". La premisa ("Cuando alguien no se presenta, no está claro qué pretende") me parece sencillamente falsa: lo que pretende una persona se colige generalmente de lo que dice pretender y no de la identidad con la que se presenta. Si entro un bar y quiero tomarme un cortado, no me hace falta presentarme; lo único que necesito es decir que quiero un cortado.

"Si se nos propone una determinada conducta, se nos está pidiendo que asumamos la responsabilidad de nuestros actos.": También esta premisa me parece algo rara: quien propone una conducta (y sólo la "propone"), no influye en absoluto en la toma de decisiones de la persona que escucha el mensaje; es más, presupone que la persona que escucha el mensaje es libre y responsable de sus actos, plenamente capaz de entender el consejo y de tomar una decisión propia, libre, acerca de él. Sólo en la dirección espiritual dentro de la Obra, cuando se propone una conducta, lo que aparece como "propuesta", "consejo", es un mandato, al cual se debe obedecer. Es en estos casos, es decir, en los momentos en que, en virtud de la obediencia, una persona llega incluso a contrariar su propia voluntad, cuando los directores de la Obra exigen del que obedece que asuma la responsabilidad de los actos que realiza por obediencia. No funciona así OpusLibros, no.

"[Q]ue quien da el consejo asuma también la responsabilidad de lo que hace.": Lo que hace quien da un consejo es... dar un consejo. Todos los consejos que se dan en esta página (muy distintos entre sí), se dan, sin duda, con la intención de ayudar todo lo posible a la persona que los pide (cuando la hay) y no es posible dudar de que todos lo que escriben en OpusLibros son muy conscientes de su responsabilidad ante los aconsejados, ante los lectores, ante la Iglesia y ante Dios (si creen en Él). A fin de cuentas, en esta web no se aconsejan actos moralmente ilícitos o legalmente punibles; y, en caso de que sucediera esto último, la responsabilidad legal de los actos punibles recaería en Agustina (pobrecilla: no sucederá, no).

"No me parece de recibo ponerse a dar consejos sin presentarse, porque una conducta irresponsable difícilmente puede ser prueba de que lo que se aconseja es una conducta responsable.": Dejando de lado lo que dije la otra vez sobre esta frase (05.08.05), ya no queda claro por qué "dar consejos sin presentarse" haya de ser una "conducta irresponsable": ni el anonimato ni los consejos constituyen un problema.

Dejando esto de lado, quisiera pedir disculpas a Agustina, porque nunca pretendí entrar en la discusión de la historia de la web ni obligarla a dar explicaciones al público lector, que no tenía por qué dar. Hay una cuestión que tocan el mensaje de Agustina (08.08.05) y la página de Santi, que merece una discusión especial, que propongo a todo el mundo: Desde el punto de vista de la experiencia personal de cada uno, ¿hay motivos objetivos para tener miedo al Opus Dei? Mi experiencia personal es demasiado pobre como para poder dar una respuesta a esta cuestión, pero sería interesante conocer testimonios actuales de distintos sitios (más allá del de María Angustias Moreno).

Finalmente, a título personal, me permito hacer un llamamiento a la mesura. Me desagradan y me entristecen algunas de las respuestas, sarcásticas e hirientes, que han recibido correos como los de Neska. En mi opinión, nuestra credibilidad depende mucho del tono y de la altura con que respondamos a todos los que cuestionan esta página. Habrá personas con voluntad de atacar, de herir (no seré yo quien las juzgue), pero también hay personas, como Neska, que manifiestan buena voluntad desde su posición de miembros del Opus Dei, voluntad de entender lo que hemos pasado y de remediar lo que sea posible. Es lógico que, desde la perspectiva que tienen (y que alguna vez tuvimos nosotros también), no se puedan hacer cargo de todos los puntos problemáticos que hemos experimentado en nuestra propia carne; pero esto no debería impedir que los acojamos con agradecimiento y les ayudemos con cuidado a revisar y corregir los "dogmas" sobre la Obra que inconscientemente tienen asumidos.

¿A quién representan Agustina y compañía?

"Bless the Lord, my soul, and bless God's holy name. Bless the Lord, my soul, who leads me into life." Pues sí: hace unos días me compré un cedé de Taizé. Así que, con renovada inspiración, voy a seguir analizando el ya famoso texto de Santiago (versión 10.08.05). Me salto, de momento, un capítulo, pero no por desprecio al sentido común, sino por coherencia argumentativa. (Publicidad: No se pierdan... "Atrévete a saber V: Armémonos de sentido común";-) Al final, va a ser esto como las trilogías de "La Guerra de las Galaxias", en donde la primera película es la cuarta y la cuarta, la primera; pero ya nos las arreglaremos.

El punto de partida de las ideas que voy a desarrollar, se encuentra en el siguiente párrafo del capítulo II de esta serie (05.08.05)...

"La única manera de solucionar este aparente conflicto [=¿A quién creer, a OpusDei.org o a OpusLibros.org?] es enumerar las razones por las cuales una fuente resulta más "creíble", "digna de crédito", que la otra, sin tener que aplicar el intelecto directamente a las realidades en cuestión [...]. Puesto que nos basamos, como queda dicho, en la "autoridad intelectual y moral" de nuestras fuentes, está claro que tenemos que responder a tres preguntas: ¿Quiénes son estas fuentes? ¿En qué consiste su "autoridad intelectual"? ¿En qué consiste su "autoridad moral"?"

En ese mensaje ya comenté las respuestas de Santi a la primera y a la tercera de las preguntas. Ahora toca comentar su respuesta a la segunda, que se encuentra bajo el epígrafe "¿A quién representan Agustina y compañía? ¿A quién represento yo?". La respuesta de Santi a la cuestión sobre la "autoridad intelectual" es que OpusLibros reúne, entre otras cosas, testimonios de antiguos miembros del Opus Dei que se refieren, sobre todo, a experiencias vividas directamente ("de visu"). Si eso es así, es curioso que tome, al comienzo, como ejemplo típico a S. (es decir, a Satur). Sin duda, es uno de los autores más prolíficos y de más éxito; pero, con todo mi respeto hacia sus escritos, hay que decir que, en general, se ha limitado a reunir un enorme anecdotario de vivencias, más o menos hilarantes, que utiliza certeramente para reducir "ad absurdum" algunos aspectos más o menos coyunturales del espíritu y de la praxis de la Obra. Los testimonios que interpelan realmente al lector/a, sobre todo si pertenece a la Obra, son, por ejemplo, los de Amapola, Aquilina, Halma, U2 o Carmen Charo Pérez de San Román (por añadir a alguien que pone su verdadero nombre).

Al comienzo del capítulo, Santi hace un amago de reconducir la argumentación hacia la segunda pregunta, ya respondida y comentada: "Y la validez de un testimonio depende, en cierta medida, de que podamos comprobar que esa persona fue realmente testigo de lo que relata." En la mayoría de los casos, la afirmación de que el testigo es un testigo cualificado, "de visu", de los hechos relatados, pertenece, como presuposición, al testimonio mismo. También en ese punto hay que tener fe en el testigo mismo o en otros testigos que han estado con él en el lugar y en el momento en que se han producido los hechos sobre los que testifica. Porque, lógicamente, en la mayoría de los casos, quien ha podido comprobar directamente que una persona fue realmente testigo de lo que relata, también ha sido testigo de lo relatado. Este amago, por tanto, no conduce a ningún lado. Como mucho, estimulará a otros testigos presenciales de lo relatado a corroborar los testimonios dados, si éstos se ajustan a la verdad, o a refutarlos, si no es el caso.

Santi plantea seguidamente otro argumento en contra de la calidad de los testimonios: "Pero la lectora o lector no tiene modo de averiguar quién de los dos tiene más experiencia." Si, como parece, la experiencia se mide en años, Santi tiene mucha ("más de un cuarto de siglo", ¿1979-?), pero no le van a la zaga S. (=Satur) con 27 años (¿1975-2002?), U2 con 20 (1975-1995), Aquilina (1971-1989) y Carmen Charo Pérez de San Román con 18 (1972-1990). Y no veo por qué habría que despreciar los testimonios de Amapola con cuatro años (1966-1970) o Halma con cinco (1986-1991).

Así pues, Santi reconduce la argumentación hacia otros vericuetos: no niega la calidad de los testimonios sino su representatividad. Dejemos de lado el problema, nada claro, de definir quiénes son los "orejas": ¿son el equipo técnico de OpusLibros, enumerado en parte por Agustina (22.08.05), sólo "los que comparten las opiniones de los responsables de la página" o todos los que escriben en la página, incluyendo por tanto lo mismo a Neska que a Ramírez? El tema de la representatividad, sin embargo, es harto complejo: voy a distinguir entre "representatividad política" y "representatividad estadística".

Tocando brevemente la "representatividad política", la definiré como "[s]ustituir a alguien o hacer sus veces, desempeñar su función o la de una entidad, empresa, etc." (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua) y diré que hay dos posibilidades de entenderla. En algunos casos, una persona recibe el encargo de una autoridad o de una institución para que actúe por ella. Por ejemplo, el portavoz de la Oficina de Información o el Vicario Delegado representan al Prelado y/o a la Prelatura ante los medios de comunicación o en un acto público. En otros casos, una persona reúne tras de sí a la mayoría de un grupo y es elegida democráticamente por él para un cargo, lo que la legitima para actuar en su nombre gobernando al grupo y defendiendo sus intereses frente a otros grupos. Por ejemplo, el presidente del gobierno de un país puede afirmar de sí que representa a los ciudadanos del país o a la nación correspondiente. En el caso de OpusLibros, Agustina y el equipo técnico representan a todos los interesados en la existencia del portal en cuestiones técnicas y de procedimiento en el primer sentido, pero no han recibido el encargo de presentar una opinión unitaria compartida por todos los que escriben en la página o por todos los ex-miembros de la Prelatura en ninguno de los dos sentidos. Basta comprobar el amplio abanico de testimonios y opiniones que se da en OpusLibros, que yo relacioné una vez (26.01.05) con el grado de la "quemadura" de cada cual. En el caso de Santi, él mismo nos dice respecto del primer sentido: "Yo no represento a las autoridades del Opus Dei, por tanto no hablo en su nombre. "

Si nos enfrentamos con la "representatividad estadística", nos encontramos con no pocos problemas. Sin entrar en detalles técnicos, que no domino, lo que parece claro es que, cuando se toma una muestra de un universo (en este caso, miembros y ex-miembros del Opus Dei), se suele hacer al azar, bien directamente cuando no se conocen con exactitud las características del universo, bien tras reproducir en la muestra características conocidas del universo. En nuestro caso, desconocemos las características del universo, es más, habría que concretar exactamente qué es lo que se quiere medir en los testimonios, análisis, interpretaciones y opiniones de las personas y con qué criterios se clasificarían los objetos medidos. Además, tanto en el caso de Santi como en el de OpusLibros, el muestreo aleatorio es imposible ya que la posible muestra está sesgada desde el inicio. En el caso de Santi, es lógico que casi no conozca a personas con experiencias distintas de la suya (ésa es su técnica de muestreo). Dentro de la Obra, no se deben hacer confidencias sobre asuntos personales más que a los directores espirituales designados. Además, la Obra y sus miembros mantienen de ordinario una cierta distancia con respecto a los antiguos miembros, que sólo disminuye si éstos están dispuestos a colaborar con ella o a participar en los medios de formación. Por tanto, los miembros de la Obra tienen escaso contacto con ex-miembros y, cuando se da, se trata de ex-miembros "en buen plan". En el caso de OpusLibros, se da un proceso de autoselección: de todo el universo participan en esta plataforma sólo aquellos que por carácter y por formación se sienten llamados a ello y, en particular, sólo si consideran que su aportación es de importancia para el posible público lector. En muchos casos, los autores reconocen haber leído con asiduidad la página durante meses, antes de haberse "animado" a intervenir y, en general, también es obvio que hay un pequeño grupo de autores que escribe regularmente frente al resto, que escribe esporádicamente sobre todo cuando algún mensaje llama su atención.

Por eso, me parece lógico que Santi no acepte como representativo ni al grupo de miembros y ex-miembros que conoce ni al grupo que escribe en OpusLibros. Y uno se queda de piedra, cuando un poco más tarde afirma –lapidariamente– que la web de Agustina "[r]epresenta a una minoría". Desde luego, del hecho de que OpusLibros no sea representativo no se puede derivar que representa a una minoría. (¿Una minoría de qué?)

Finalmente, habría que hablar de la expresión "los que estuvimos dentro", ya que Santi afirma que " […] la web de Agustina dice representar a "los que estuvimos dentro", pero me parece mostrable (los hechos históricos, me parece, no son demostrables sino mostrables) que esto no es cierto. " Utilizando el buscador de "Google" de la página, nos damos cuenta de que, en el momento de redactar estas líneas, la expresión citada aparece 26 veces en las páginas del portal; si quitamos las repeticiones, nos quedamos con 15. En ningún momento se dice, ni explícita ni implícitamente, que la web represente a "los que estuvimos dentro". La única frase que puede hacer pensar en eso es la que aparece en portada: "si quieres saber la verdad de los que estuvimos dentro... ¡adelante!" La frase, por tanto, invita a entrar en el portal, supuesto el caso de que el visitante desee conocer esa verdad. Curiosamente, la frase se puede interpretar de dos maneras. Según la primera interpretación, existe una verdad que comparten todos los que estuvieron dentro: es la interpretación que prefiere Santi. Según la segunda, cada persona que estuvo dentro tiene una verdad (es decir, un testimonio), con lo que, sumando, se obtienen muchas "verdades", muchos testimonios: es la interpretación más adecuada a la realidad de OpusLibros. Es decir, se podría poner también: "Si quieres conocer algunos de los testimonios de algunos de los que estuvimos dentro… ¡adelante!" Así que, ni es cierto que la página represente a "los que estuvimos dentro", ni es cierto que lo afirme.

Así pues, los testimonios presentados no son representativos, pero, como bien dice Santi, ni falta que hace; lo importante es que sean testimonios cualificados:

"¿Cuál es el punto débil de mi argumentación? La segunda premisa: ¿es realmente la muestra que yo conozco representativa de "los que estuvimos dentro"? Incluso si estadísticamente lo fuera, ¿no podría ser de todos modos relevante el testimonio de uno de ese tipo que yo no conozco, y que Agustina denomina "orejas"? Podría serlo, pero ésta no es aquí la cuestión. [Idiota: ¿Por qué no es la cuestión?]

Podría serlo: evidentemente, todo testimonio puede ser interesante, y también puede serlo un caso que yo no conozca. No pretendo negar que no existan personas que tienen una opinión muy negativa del Opus Dei y la expresan a través de internet, y que algunos de ellos han sido miembros del Opus Dei y por tanto presumiblemente debieron conocer bien esta institución: sería estúpido negarlo, pues precisamente escribo sobre ellos."

Desde ese punto de vista, tanto el testimonio de Santi como los que aparecen en OpusLibros son perfectamente legítimos; en la medida en que se refieran a experiencias vividas gozan de "autoridad intelectual" y son, por tanto, dignas de crédito. Es más, Santi anuncia su intención de dar su propio testimonio –cosa que sería, a mi modo de ver, de mucha más utilidad- pero, por desgracia, todavía no la ha hecho realidad en su página.

¿Cuál sería la finalidad de los testimonios sobre el Opus Dei? El mismo Santi nos responde:

"Puesto que, como ella [=Agustina] (o ellos, por las personas que allí escriben), yo también confío en que la verdad es alcanzable, presento este testimonio no para contradecir, sino para matizar, y a ser posible llegar a comprender lo que Agustina y otros presentan como su testimonio; pero en último término no tanto para comprender el qué y por qué [!] de lo que dicen, sino el qué y por qué [!] del Opus Dei. Y es que me parece que, si alguien se pregunta qué será el Opus Dei y por qué se dirán de él "esas cosas", leer sólo la visión de una parte no representativa, cuando menos llevará a obtener un cuadro poco representativo."

En efecto, como ni el testimonio de Santi ni los de los que escriben en OpusLibros agotan la verdad, son necesarios todos para comprender "el qué y el por qué [!] del Opus Dei". Y en eso estamos.

Armémonos de sentido común 1

Aunque Santi no lo haya mencionado explícitamente, está claro que en OpusLibros existen dos tipos de contribuciones -que no se encuentran jamás en estado puro-: los testimonios (el relato de experiencias vividas en primera persona) y las críticas (el análisis y la interpretación de esos relatos). En el caso de los testimonios, entre las intenciones de sus autores se encuentra implícita o explícitamente el deseo de realizar una crítica, crítica que, en muchas ocasiones, se presenta entremezclada con el relato. En el caso de las críticas descubrimos la situación inversa: la crítica se realiza abiertamente pero ésta se fundamenta en experiencias personales que se pueden leer bien directamente, bien entre líneas...

Lo que parece claro es que Santi no distingue con precisión entre testimonios y críticas, de manera que se enfrenta a los escritos de OpusLibros unas veces en tanto que testimonios, intentando restarles credibilidad, y otras en tanto que críticas, enjuiciándolos de modo moralmente negativo. Esto se hace particularmente evidente en el párrafo que comentamos hoy en el contraste entre la anécdota de Itxu Díaz y el resto del párrafo. He realizado ya amplios comentarios sobre la espinosa cuestión de la credibilidad de los testimonios de OpusLibros (Atrévete a saber II-IV), con lo que no me detendré en problematizar la falta de analogía entre la anécdota de Itxu Díaz y el caso de OpusLibros. Hoy toca enfrentarse con otra cuestión presentada por Santi: el significado y el alcance de las críticas al Opus Dei.

Quizás valga la pena analizar el significado de la palabra "crítica" según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (versión internet). Las acepciones que nos interesan son las siguientes:

"8. f. Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.
[...]
11. f. murmuración. [> Conversación en perjuicio de un ausente.]
12. f. censura (ǁ reprobación)."

Como se ve, la idea de "crítica" abarca, por un lado, el examen, el juicio y la expresión pública de su resultado y, por otro, el contenido negativo del juicio y su efecto nocivo sobre la fama de un ausente. Parece claro que en la realidad es difícil realizar esta separación, pero en el pensamiento lo vamos a hacer precisamente porque hemos decidido "armarnos de sentido común".

Yo diría que todo ser humano dotado de inteligencia tiene el derecho (y en muchas ocasiones el deber) de enfrentarse con la realidad, de examinarla y enjuiciarla, sobre todo con vistas a actuar o a dar un consejo: "examinadlo todo y quedaos con lo bueno" (1 Tes 5, 21). En este punto me imagino que Santi y yo coincidimos. Ahora bien, al examinar la realidad y enjuiciarla encontraremos siempre, aun en las realidades más divinas de la tierra, luces y sombras. Refiriéndose a las personas, el Fundador no tiene empacho en afirmarlo:

"Somos criaturas y estamos llenos de defectos. Yo diría que tiene que haberlos siempre: son la sombra que, en nuestra alma, logra que destaquen más, por contraste, la gracia de Dios y nuestro intento por corresponder al favor divino. Y ese claroscuro nos hará humanos, humildes, comprensivos, generosos." (Es Cristo que pasa 76)

En todas partes, por tanto, encontraremos problemas, defectos, fallos, faltas, errores, equivocaciones, hasta ofensas y pecados, que se pueden constatar, enjuiciar y censurar como tales. ¿También en las personas del Opus Dei? También. ¿También en el Opus Dei como institución de la Iglesia? También ya que no va a ser el Opus Dei menos que la Iglesia:

"Pues mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Hebr., 7,26), no conoció el pecado (2 Cor., 5,21), sino que vino sólo a expiar los pecados del pueblo (cf. Hebr., 21,7), la Iglesia, recibiendo en su propio seno a los pecadores, santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación." (Lumen Gentium 8; ver Comisión Teológica Internacional, Memoria y reconciliación: La Iglesia y las culpas del pasado).

Por tanto, no nos interesa tanto saber si hay aspectos problemáticos en la vida de los miembros o en la praxis de la institución, como saber cuál ha de ser la reacción ante ellos: ¿callar o expresarse en público, con todo lo que esto conlleva?

A primera vista, el Fundador es muy drástico en lo que se refiere a este punto: "No hagas crítica negativa: cuando no puedes alabar, cállate." (Camino 443) Da la impresión de que cualquier crítica negativa es expresión de falta de carácter y defecto de caridad y puede tener consecuencias negativas tan graves para la fe y la perseverancia en la vocación de las personas que nunca se pueden justificar: "Cállate. —No me seas "niñoide", caricatura de niño, "correveidile", encizañador, soplón. —Con tus cuentos y tus chismes has entibiado la caridad: has hecho la peor labor, y... si acaso has removido —mala lengua— los muros fuertes de la perseverancia de otros, tu perseverancia deja de ser gracia de Dios, porque es instrumento traidor del enemigo." (Camino 49)

Sin embargo, esta primera impresión engaña. Sólo conociendo el pecado, puede el pecador (sea quien sea) verse y aceptarse como pecador, arrepentirse, pedir perdón a los demás y a Dios y enmendarse. Es ésta la lógica que preside el antiguo consejo evangélico "Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano." (Mt 18, 15-17) Es ése el espíritu que preside la práctica de la corrección fraterna entre los miembros de la Obra (ver Codex Iuris Particularis §91) y, sobre todo, la dirigida a los directores, a la cual se comprometen los miembros de modo especial al hacer la Fidelidad (ver Vademécum de los Consejos Locales 78): "No descuides la práctica de la corrección fraterna, muestra clara de la virtud sobrenatural de la caridad. Cuesta; más cómodo es inhibirse; ¡más cómodo!, pero no es sobrenatural. —Y de estas omisiones darás cuenta a Dios." (Forja 146; ver, por ejemplo, Amigos de Dios 157-158)

Por tanto, no hay que callar sino hablar. Pero, ¿ha de ser en público? Es éste el contexto en que se deben leer las palabras del Fundador a favor del silencio citadas más arriba. En el caso de las personas, sin embargo, la cita evangélica no es tan drástica ya que justifica el recurso a la comunidad (quizá sólo a las autoridades de la comunidad) como "ultima ratio". En el caso de las instituciones, podemos aplicar por analogía la siguiente cita del Catecismo de la Iglesia Católica (2238), referida a los poderes civiles:

"Los que están sometidos a la autoridad deben mirar a sus superiores como representantes de Dios que los ha instituido ministros de sus dones (cf Rm 13, 1-2): ‘Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana... Obrad como hombres libres, y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios’ (1 P 2, 13.16.). Su colaboración leal entraña el derecho, a veces el deber, de ejercer una justa crítica de lo que les parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien de la comunidad."

Aquí se observa la diferencia esencial entre los individuos y las sociedades. En el caso de los individuos, la corrección fraterna personal, de igual a igual o de superior a inferior, bastará para producir los cambios legítimamente necesarios sin necesidad de violar la privacidad y dañar el buen nombre del afectado. En el caso de las instituciones, tanto civiles como eclesiásticas, la experiencia muestra que son especialmente resistentes a la crítica (entendida como corrección "fraterna" de situaciones injustas y nocivas para las personas). Éste es el caso del Opus Dei, como he aclarado en otros escritos (Inmunología, 16.03.05 y Calcetín, 06.03.05). Por tanto, miembros y ex-miembros pueden tener en conciencia un deber de caridad y de justicia respecto del Opus Dei y de la Iglesia que lo cobija, de hacer públicos los resultados de su discernimiento y de someterlos a la consideración de las autoridades competentes y del gran público, contrarrestando prudentemente la imagen acrítica y unilateral presentada por la institución. No podemos olvidar las siguientes palabras del Magisterio que son igualmente válidas para el Opus Dei:

"Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad hasta el punto de que si algunas cosas fueron menos cuidadosamente observadas, bien por circunstancias especiales, bien por costumbres, o por disciplina eclesiástica, o también por formas de exponer la doctrina —que debe cuidadosamente distinguirse del mismo depósito de la fe—, se restauren en el tiempo oportuno recta y debidamente." (Unitatis Redintegratio 6)

Ahora bien, ¿hasta qué punto esta crítica tan necesaria se guía por los principios de la caridad y de la justicia? ¿Cómo evitar que degenere en murmuración? Este punto tan importante quedará reservado para una nueva entrega.

Armémonos de sentido común 2

En la anterior entrega de esta serie (02.09.05), empecé a hablar del significado y del alcance de las críticas al Opus Dei. Vimos que en personas y en instituciones siempre hay aspectos criticables y que, en el caso de estas últimas, puede ser conveniente e incluso necesario realizar las críticas en público. Quedaron, sin embargo, abiertas las siguientes cuestiones: ¿Hasta qué punto se guía la crítica por los principios de la justicia y de la caridad? ¿Cómo evitar que degenere en murmuración (>"Conversación en perjuicio de un ausente", DRAEL)?

Voy a intentar dar una respuesta al hilo de la teología moral presentada en el Catecismo de la Iglesia Católica (versión internet) y teniendo en cuenta los puntos que expresa Santi en su página (nueva versión del 08.09.05) Nuestra común premisa es la siguiente:

"El hombre busca naturalmente la verdad. Está obligado a honrarla y atestiguarla: ‘Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas..., se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo, sobre todo con respecto a la verdad religiosa. Están obligados también a adherirse a la verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus exigencias’ (DH 2)." (2467)...

El "perjuicio de un ausente" a que hace referencia el término "murmuración" se podría definir concretamente como falta de respeto a la reputación o buena fama del otro, lo que constituiría una falta a la justicia y a la caridad con que merece ser tratado:

"El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto (cf ⇒ CIC can. 220). Se hace culpable:
– de juicio temerario el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo;
– de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran;
– de calumnia el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos." (2477)

Por tanto, éstos son los escollos que toda persona tiene que evitar al hablar de personas e instituciones, los que ha de evitar OpusLibros, los que ha de evitar Santi y los que he de evitar yo. ¿Cómo se hace? Santi tiene tres ideas madre:

"Las intenciones no se pueden juzgar: si queremos "analizar las críticas" hay que respetar el sentido común: la presunción de inocencia, el derecho a la propia fama, y el que no existen culpabilidades colectivas. La primera regla "de cajón" señala que lo que hay que probar es la culpabilidad, y no la inocencia; la segunda es en cierto modo una consecuencia, que lleva a no dar por "medio condenada" a una persona sobre la que se difunden críticas; y la tercera a no olvidar que las acciones son responsabilidad de sujetos individuales, y no de colectividades."

Voy a intentar conjugar ambas citas. Empiezo por la del Catecismo, que se refiere al "derecho a la buena fama" y a la "presunción de inocencia" exigidas por Santi: "no dar por ‘medio condenada’ a una persona sobre la que se difunden críticas".

Curiosamente, hay que descartar la posibilidad de que en OpusLibros se viertan calumnias contra el Opus Dei o sus miembros. Por un lado, una crítica (análisis/interpretación > juicio) no puede ser calumniosa porque no puede ser ni verdad ni mentira; sólo puede ser justa o injusta. Por otro lado, los testimonios no parecen ser calumniosos, ya que, por lo que he podido comprobar, no hay contribuciones que desmientan concretamente los testimonios de otras personas (y si los hubiera, tampoco sería mala señal). De hecho, en un detalle tan nimio como el del uso de motocicletas en centros de la Obra, que, según mi experiencia no se da (26.06.05), fui rápidamente corregido (Mafalda, 01.07.05). Finalmente, como mostré en entregas anteriores, a los testimonios de OpusLibros no les falta credibilidad, es decir, "autoridad intelectual y moral". Es más, el mismo Santi, admite la credibilidad y la posible veracidad de los testimonios de OpusLibros cuando dice:

"La mención de la verdad, en otro contexto, la acompañaría de un discurso acerca de si es posible encontrar la verdad, concluyendo que quien afirma lo contrario está afirmando una verdad, y por tanto se contradice. Me parece que aquí no hace falta, porque los responsables de la web de Agustina parecen creer que lo que escriben es cierto. El recurso a la lógica me parece necesario porque es el instrumento natural de conocimiento y, por tanto, algo que tengo en común con cualquier interlocutor: en este sentido, por mucho que la web no permita saber demasiado sobre las fuentes, nunca habrá una "anonimidad" total. Mi interlocutor será siempre una persona, un animal racional, y por tanto, lo que yo comprenda, puede comprenderlo ella, y viceversa."

Tampoco parece haber maledicencia en OpusLibros. Una vez más, las críticas no se pueden considerar maledicencia por los mismos motivos expresados antes: no pueden ser ni verdad ni mentira; sólo pueden ser justas o injustas. En cuanto a los testimonios, aunque todos se refieren al contexto de la vida en el Opus Dei y afectan a la institución, en pocos o ningún caso (exceptuando alguno de los "libros silenciados" editados), se "manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran". Por poner un ejemplo, hasta en el caso de "Macario", uno de los personajes más famosos de la Prelatura, Satur tiene la delicadeza de ocultar su verdadero nombre (Retablo de curiosidades, capítulo 13).

Así pues, nos queda únicamente la posibilidad de que en OpusLibros se esté dañando la reputación y buena fama de la institución "Opus Dei" (no la de sus miembros, como queda dicho) bajo la forma de juicio temerario. En efecto, parece que "incluso tácitamente, [se] admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo", un prójimo, que, en este caso, sería una institución. En este caso, sucede al revés que antes. Como el “admitir un defecto moral en el prójimo” sería el resultado injusto de un análisis e interpretación malintencionados de las experiencias propias y ajenas, resulta que los testimonios en tanto tales, como sólo pueden ser verdaderos o falsos y no justos o injustos, no se pueden considerar juicios temerarios. Sólo las críticas pueden ser justas o injustas y constituir juicios temerarios.

Ahora podríamos hacer una finta lógica y decir que es imposible hacer juicios temerarios sobre una institución, ya que, como dice Santi, "no existen culpabilidades colectivas". Sería un gol en propia puerta, ya que, manteniendo esa premisa, se podría acusar a los que escriben en OpusLibros de realizar juicios temerarios sobre todos y cada uno de los miembros del Opus Dei, que serían los realmente afectados por los juicios temerarios. Esto es absurdo y, además no corresponde a la realidad.

La realidad es muy otra. En OpusLibros no hay un juicio único sobre el Opus Dei. Se pueden dar dos posiciones fundamentales con variantes para todos los gustos (ver Quemarse, 26.01.05):

1. La visión "ponderada" (por llamarla de alguna manera): El Opus Dei es bueno en su espíritu y en sus prácticas fundamentales; su aplicación por medio de criterios variables y por actuaciones personales puede estar equivocada:

"En mi renovada formulación, concluyo que existe una alternativa al dilema “institución buena/personas malas vs institución mala/personas buenas”. Ahora diría “espíritu bueno/institución en necesidad de reforma/personas de todo tipo.”" (José Carlos, 27.03.05)

2. La visión "negativa" (por llamarla de alguna manera): El Opus Dei es perverso en buena parte de sus aspectos; no es de extrañar, por tanto, que también las personas que lo componen realicen actos malos y se corrompan interiormente.

Versión blanda: "Veo con meridiana claridad que la obra como institución es mala, y creo que lo ha sido siempre, pero salvo a las personas, a muchas personas que son víctimas y verdugos a un tiempo porque son incapaces de ver aún. Al fundador, no le quiero ni le debo juzgar aunque cada vez más lo siento como un pobre hombre. El sabrá que le movió a actuar como lo hizo."

Versión dura: "El opus, sus directores, actúan con muy poco escrúpulo, no respetan ningún tipo de ley que los demás sí respetamos -ni las humanas, están por encima, ni las divinas, Dios habla por su boca- y si necesitan mentirte en toda tu cara lo hacen tan tranquilos, el bien de la institución prevalece SIEMPRE sobre la persona, o sea, al revés del evangelio. Creo que eso de "recristianizar" de arriba abajo la sociedad es otro mito, no se lo creen ni ellos. Quiero decir que con que hubiera respeto por el otro la civilización avanzaría bastante.

No puedo admitir que en un lugar donde la manipulación y la ocultación de la verdad son norma institucional haya lugar para la virtud moral. Creo que pensar otra cosa es "chuparse el dedo", hay cosas muy vergonzosas dentro de la obra, tú también lo sabes. Y hay gente que ha llegado al suicidio, además de que hay gente que se la han quitado de en medio. Así que unas virtudes que te mareas..."

Como he dejado muy clara mi posición al respecto (Reformas, 28.03.05; Separación, 25.02.05), me limito a poner aquí unos cuantos juicios de otras personas que, de un modo u otro, parten de la buena intención de los miembros e incluso de la institución, sin que sea fácil alinearlos con las posiciones fundamentales descritas:

"De esta forma, posiblemente con muy buena intención, fue imponiéndose un sistema de fomento de las mejores prácticas consistente en institucionalizar lo que había funcionado en un sitio y "prohibir" lo que no había funcionado." (Fede, 19.02.2004)

"Es interesante darse cuenta de esto [el abandono de la vocación como única clave interpretativa de las dimisiones] porque explica la fuerte presión que se pone sobre las almas. Y, además, se hace con buena intención. Eso indica como realmente es el aspecto institucional el que prevalece sobre la búsqueda del bien de las almas. Explica también que esa presión sobre la conciencia puede venir de personas (directores) amigas porque piensan que hacen lo mejor para la persona, pero el mismo tiempo están incapacitadas para escuchar a la persona que duda." (Dúo Dinámico, 01.03.2004)

"Gracias por darme una lección súper aclaradora cuando más lo necesitaba. Soy de los que por muchos años entregué todo lo que era y tenía a la Obra, pero que, como tantos otros sucumbí ante el pecado social de una institución que ingenuamente y quizás con buena intención, hizo suya "la pretensión de hacer buenos a los demás" sin entender que esto llevaría a muchas personas a la desgracia y al deterioro psíquico." (Tlin, 24.01.05)

En efecto, como dice Santi, "las intenciones no se pueden juzgar" porque nadie, aparte de Dios, puede conocerlas perfectamente y tiene autoridad para dar un juicio definitivo. El Catecismo nos da la siguiente recomendación para evitar los juicios temerarios:

"Para evitar el juicio temerario, cada uno debe interpretar, en cuanto sea posible, en un sentido favorable los pensamientos, palabras y acciones de su prójimo: "Todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquirirá cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve (S. Ignacio de Loyola, ex. spir. 22)." (2478)

Como se puede observar, los unos parten de la idea de que las intenciones de personas e institución son buenas, por tanto, a éstos no podemos acusarles de juicio temerario; mientras que los otros parecen partir de la idea contraria (con matices muy distintos) y, en este caso, como también "salvamos la intención" de quienes piensan así, no queremos acusarles de juicio temerario.

Concluyo con un resultado que asombrará a más de uno: En OpusLibros se hace un verdadero esfuerzo por llegar a un juicio sereno y objetivo sobre la realidad de la Obra, a pesar de los pesares... de los innumerables pesares que ha tenido que sufrir buena parte de los que escriben. Es difícil saber hasta qué punto este esfuerzo consigue su objetivo; pero igualmente difícil me resulta ver temeridad en los juicios críticos acerca de la Obra. Y, ¿por qué no confesarlo abiertamente? Éste es el motivo por el que me gusta OpusLibros, por el que me engancho y por el que colaboro. Si las cosas no fueran así en su mayor parte, no lo haría.

Una última cita, un poco más antigua:

"Quede constancia de que con estas letras no pretendo poner en entredicho la buena intención de nadie, ni, por supuesto, juzgar la conducta del protagonista de estos episodios, el fundador de la Obra. Si ya acabé hasta más arriba del gorro del continuado juicio a que diariamente se vieron sometidos todos mis actos durante mi paso por la Obra, no puedo pretender aplicar el mismo rasero. O todos moros, o todos cristianos, que diría aquél. " (F. M. T., El doble lenguaje en el Opus Dei, 02.2003)

Ha quedado, sin embargo, una cuestión abierta: la de las culpabilidades colectivas, que será objeto de una nueva entrega.

¿Culpabilidades colectivas?

Dos entregas me ha costado "armarme de sentido común", pero espero que haya valido la pena. En la última (14.09.05), dejamos abierta la cuestión de las culpabilidades colectivas. Recordemos el texto en el que Santiago Mata (Críticas al Opus Dei: [3.] Armémonos de sentido común) tocaba esta cuestión:

"Las intenciones no se pueden juzgar: si quieremos [!] "analizar las críticas" hay que respetar el sentido común: la presunción de inocencia, el derecho a la propia fama, y el que no existen culpabilidades colectivas. La primera regla "de cajón" señala que lo que hay que probar es la culpabilidad, y no la inocencia; la segunda es en cierto modo una consecuencia, que lleva a no dar por "medio condenada" a una persona sobre la que se difunden críticas; y la tercera a no olvidar que las acciones son responsabilidad de sujetos individuales, y no de colectividades: si la selección de fútbol española juega mal (o bien) y pierde un partido, la culpa (o la mala suerte) es de los jugadores, y si se quiere del entrenador, pero no de los españoles. Si la lectora o el lector se siente afectivamente identificado con la selección, si quiere puede compartir la pena, pero no sería razonable que se sintiera culpable, y menos que se pusiera a culpabilizar del fracaso a la "sociedad" española."

[...]

Estoy plenamente de acuerdo en que "las acciones son responsabilidad de sujetos individuales"; pero afirmar esto no implica necesariamente negar la responsabilidad de las colectividades en las acciones de sujetos individuales. A mi modo de ver, Santiago Mata no argumenta correctamente cuando, para negar la existencia de "culpabilidades colectivas", afirma que no se puede responsabilizar a la sociedad española (todo) del fracaso de la selección de fútbol (parte). En este caso, no se puede responsabilizar al todo del fracaso de la parte porque no hay una relación causal y estructurante entre el todo y la parte. Pero, ¿qué sucede si existe esa relación, que es el caso que no contempla Santi pero que es el pertinente para nuestra argumentación?

El mismo ejemplo de Santi ilustra el caso en el que existe una relación causal y estructural entre el todo y la parte (mejor: las partes): "si la selección de fútbol española juega mal (o bien) y pierde un partido, la culpa (o la mala suerte) es de los jugadores, y si se quiere del entrenador". Él mismo lo dice: "la selección juega mal y pierde": en este caso hay una relación causal y estructural entre la "responsabilidad" de los jugadores (e incluso del entrenador, que no juega) y la "responsabilidad" del equipo, entre la responsabilidad de las partes y la del todo; ya que, en este caso, el todo es, como mínimo, la suma de sus partes y la actuación del todo es el resultado de la actuación de las partes unificada causal y estructuralmente por una meta común. Que conste, por cierto, que no estamos hablando aquí del caso de una o dos personas, las estrellas del equipo, que cometen fallos que conllevan el fracaso de todo el equipo; ese caso sería análogo al del equipo y la sociedad: ha de haber un nexo causal y estructural que una las partes (en su mayoría) con el todo. Creo que esta distinción está al alcance de cualquier fortuna.

Con esto, queda claro que puede haber una responsabilidad colectiva como resultado de la suma de las responsabilidades individuales. Pero, ¿es ése el caso del Opus Dei? En la entrega anterior, ya quedó claro que ni siquiera argumentan de este modo los defensores de la versión "dura" de la visión "negativa" de la Obra. También Santi nos ofrece la respuesta: la responsabilidad del fracaso colectivo podría recaer en el entrenador y, a través de él, en los jugadores. En otras palabras, el entrenador no sólo hace frente a la responsabilidad individual de sus propias acciones, sino también a la responsabilidad colectiva de las acciones de su equipo, por ser él (y sus acciones) el principio causal y estructurador que unifica las acciones individuales de cada uno de los jugadores del equipo convirtiéndolas en acciones colectivas, acciones del grupo como tal. Las consecuencias de las acciones individuales integradas en el grupo, por tanto, no sólo afectan cada jugador individualmente sino siempre también al equipo colectivamente. Así pues, hay una responsabilidad colectiva que va "de abajo a arriba", "de las partes al todo": sería el "sumatorio de responsabilidades individuales". Existe, además, una responsabilidad colectiva que va "de arriba a abajo", "del todo a las partes": sería una "estructura de responsabilidades individuales", en las que el todo es más que la suma de las partes y ese plus procede del hecho de constituir un grupo estructurado por la autoridad y la voluntad de alguien (en este caso, el entrenador).

La Obra cree firmemente en la responsabilidad colectiva como "sumatorio de responsabilidades individuales". Un ejemplo clásico, en el campo de la espiritualidad, es el concepto de "humildad colectiva", que sirve para justificar la "discreción" con que se trabaja y se tratan ciertas informaciones:

"Os he enseñado siempre que es fundamento de nuestra peculiar espiritualidad la humildad colectiva. No entiendo por qué, si Juan y Pedro y Andrés, tomados particularmente, tienen el deber de ser humildes, todos juntos han de considerarse en cambio con el derecho a ser soberbios como víboras" (Josemaría Escrivá de Balaguer, Carta 31.05.1954, n° 13, en: Meditaciones III, 506)

La "humildad colectiva" se vive "individualmente" ya que implica "no querer recibir cada uno la estimación y el aprecio que merece la Obra de Dios y la vida santa de sus hermanos" (Id., Carta 09.01.1932, n° 64, en: Meditaciones III, 508). Pero también se vive "colectivamente" como sumatorio porque implica "defensa de una humildad que Dios quiere que sea también colectiva —de toda la Obra—, no sólo individual" (Id. ibidem, n° 66, en: Meditaciones III, 508).

La Obra cree también firmemente en la responsabilidad colectiva como "estructura de responsabilidades individuales". El ejemplo clásico, en el campo de la formación y el gobierno, es el concepto de "colegialidad" que garantiza que las decisiones de un "colegio" sean decisiones de la Obra y no de un "tirano". Nos lo recordaba Ricardo (05.10.2005) hace unos días formulándolo de una manera que le valdrá más de una crítica por lo que revela implícitamente:

"Cualquier persona que este incorporada juridicamente sabe, porque lo pone en el catecismo, (a no ser que estuviera dormido en esas charlas) que la vida interior de los meimbros [!] (se insiste mucho en esta idea) pertenece al consejo local, [...]"

En efecto, dejando de lado la distinción entre fuero interno y externo, que en la Obra se borra (Docilidad y obediencia, 05.06.2005 ), la reglamentación interna plantea una idea muy clara:

"Los asuntos se estudian y deciden colegialmente, porque un Director solo no recibe función de gobierno en el Opus Dei." (Vademecum de Consejos Locales, 122 resaltado en el original)

Es decir, la Obra sólo acepta como "suyas" decisiones tomadas colectivamente; el órgano colegial del nivel que sea aparece aquí como principio causal y estructurador que unifica las acciones individuales pertinentes de cada uno de los miembros convirtiéndolas en acciones colectivas, acciones del grupo como tal. Es más, la Obra se blinda de esta manera contra la responsabilidad que recaería sobre ella procedente de acciones individuales de "tiranos" y "directores-propietarios"; pero no puede eludir la responsabilidad que recae sobre ella cuando se trata de acciones de órganos colegiados.

El gran problema de este modo de actuar es, curiosamente y en palabras de Santi, que se puede llegar a "olvidar que las acciones son responsabilidad de sujetos individuales" y que los directores individuales pueden tener la tendencia a ocultar su responsabilidad personal diluyéndola en la del colectivo. Todos conocemos las expresiones con las que se comunicaban mandatos sin mencionar a los responsables: "sería bueno que...", "se ha visto conveniente que...", "desde la delegación/comisión nos piden que...", etc. Es decir, al insistir en la Obra como "estructura de responsabilidades individuales" (en donde los individuos son órganos colegiales), se olvida que los órganos colegiales siguen siendo "sumatorio de responsabilidades individuales". En el proceso de tomar decisiones colegiadas se produce una alienación de la responsabilidad individual del director concreto en favor de la del colegio y una sublimación de la responsabilidad del colegio que la convierte en decisión de la Obra. Y esto es tanto más cierto, cuanto más arriba se produce una decisión, ya que los colegios inferiores remiten los asuntos dudosos a los superiores.

Y éste es un punto más de los que hay que tocar cuando se habla de la Obra como estructura de pecado (Ruiz Retegui, Quarta Collatio, Espíritu Crítico 25.01.2004 , Satur, Querida Opus, capítulo 6). La Obra puede haberse convertido en estructura de pecado y ha desarrollado mecanismos en su espiritualidad y en su gobierno que la obligan a hacer frente a una responsabilidad colectiva también como institución. Pero este tema habrá que desarrollarlo fuera de esta serie.


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