Anexo a una historia/Algunas cosas más

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LIBRO: EL OPUS DEI - ANEXO A UNA HISTORIA


ALGUNAS COSAS MÁS

Hasta aquí unos cuantos capítulos de alguna manera especiamente significativos. Pero hay más. Hay algunas cosas más que me propongo exponer. Algunas cosas que se entremezclan, que no son de por sí definición de nada; pero sí un contexto. Son el transcurrir diario en la vida de la Obra. Situaciones habituales que no van a ser todas, claro que no; pero que sí van a ser algunas cosas más de las que en la Obra suponen mucho, y que sin embargo... se cuenta poco con ellas, no se dicen, se ocultan, y no es justo, por lo que pueden deformar la verdad o desmerecer.

La Obra puede tener un origen y unos fines todo lo sobrenaturales que se quiera, puede tener maravillosas posibilidades. Lo que hace precisamente más necesario reaccionar ante aquello que desmerezca. No es lógico ocuparse de algo en lo que no se cree o no se tiene interés. La Obra, en principio, creo que lo tiene.

Algunas cosas más, en este de diálogo abierto, simple, sencillo e incluso deslavazado. A veces hasta "contradictorio". No porque no evite el contradecirme, sino por la intrínseca contradicción que la Obra encierra. Sin más pretensiones que la de una conversación sobre la marcha. De la abundancia del corazón habla la boca. Hablo, cuento. Sin un orden esquemático, sin un planteamiento estudiado (tengo muy poco tiempo), con la autenticidad de lo espontáneo. Sin necesidad de estilo específico (¿ensayo...?), porque lo único que pretendo es la aportación de unos datos, que en medio de un tema delicado y complejo me lo hacen fácil por sincero y auténtico. Datos para una historia, la de la Obra, que en beneficio incluso propio no deberá olvidar u omitir los que menos la favorezcan, si quiere ser auténtica.

Conversación, carta abierta, que como cualquier charla ordinaria, tiene ideas que se repiten; yo diría que más bien se expresan desde ángulos distintos, sobre un mismo tema; muy necesario, encuentro yo, para comprender mejor una cosa cuando se es ajeno a ella.

Me he definido sobre algunos aspectos doctrinales que calan de peso, y voy a seguir haciéndolo; entiendo que conocer a la persona que escribe, conocerla en distintos aspectos, también facilita el entendimiento del tema.

No necesito, no, que nadie se identifique conmigo. No creo necesario pensar igual para entendernos. Lo único que en la vida puede exigirse, recriminar o pedir a alguien es que sea coherente y consecuente con sus propias ideas.

Sobre el tema de la Obra he pedido opinión a unas diez personas, hombres y mujeres, de lo más distintos y distintas -algunas ni me conocen-. Todos ex socios del Opus Dei por motivos claros, y personas de vida íntegra. Les he pedido que critiquen lo que escribo. Y sin necesidad de opinar todos igual -como decía somos muy distintos- estamos de acuerdo en que lo que cuento se atiene perfectamente a la realidad. Sus nombres hubieran sido una garantía, pero prefieren permanecer ignorados, para evitar las dificultades que sobre su trabajo, estudios o convivencia, pudiera ocasionarles definirse con respecto a la Obra.

Difamar es decir cosas malas que quitan la fama a otro. Pero cuando hay un deber de justicia o de caridad de informar del mal, no existe, no cabe, no puede hablarse de difamación.

Hablemos, sigamos hablando, honrada y llanamente. Con ejemplos y anécdotas que -como ya decía- podrán quizá parecer esporádicos, pero que no me servirían si lo fueran. Son detalles insignificantes en sí mismos, pero siempre expresión de un sentir básico y condicionante.

No me asustan, no me impresionan los sucesos aislados ni los defectos de nadie. Detesto únicamente la sistematización arrolladora ante la necesidad concreta y personal. La manipulación de las conciencias, el gobierno suficientista y dogmatizante, la falta de confianza que impone constantes vigilancias, las cosas antes que las personas, la importancia desmedida a lo pequeño mientras se desecha o se ignora lo grande, la constante atención a las labores a costa de lo individual... Una praxis -la de la Obra- incoherente al espíritu e incluso a la intención constitucional de la misma.

No sé dónde leí una vez la experiencia de los astronautas cuando volvían a la Tierra. Sentían, contaban: una verdadera imposibilidad de compartir su experiencia. Contaban, hablaban, explicaban, pero sobre algo que los de la Tierra no habían visto nunca no tenían elementos para imaginar nada de lo que ellos habían vivido, y así no era fácil entenderse. A veces, ante experiencias de éstas (como la mía ahora) ocurre algo semejante. Notas que sólo los que lo han vivido hablan el mismo idioma. Es muy difícil explicarse, no tanto lo que cabe decir como lo que supone haber vivido. Es muy difícil comprenderlo desde fuera. Y lo es más todavía como consecuencia de la carga de infamias que los de dentro procuran volcar sobre cualquier cosa de esas que no les interesa se sepan.

Yo, sin embargo, encuentro interesante, y un deber para mí personalmente, aportar los datos necesarios para completar una información parcial (por parte de los socios) que tanto daño puede hacer a tantos. Es repetirme, pero insistir sobre algo -para los que conocemos el asunto- enormemente necesario.

¿Que hay otras cosas en la Obra, más positivas, más de las que yo cuento? Sí. Hay muchas cosas en la Obra. Son unas cuantas cosas mas.


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