Anexo a una historia/A los hechos me remito

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LIBRO: EL OPUS DEI - ANEXO A UNA HISTORIA


A LOS HECHOS ME REMITO

A unos hechos que siguen y siguen despertando de su letargo en testimonio de una verdad que no puede quedar mutilada. De una verdad compuesta, para los de la Obra, de una gran aportación de testimonios tantas veces fruto del momento "bajo", inconsciente o manipulado de muchos, y procurados para su propio encumbramiento. Que para otros empieza sin embargo a ser motivo de remordimiento personal, en aras de un deber de lealtad que tiene que estar por encima de la Obra misma; de lealtad y de servicio a la verdad, por justicia y por amor a todos.

Ha sido difícil hablar, y sigue siéndolo. Pero nunca es tarde, ya que la dicha sólo puede ser la de la verdad. De que toda la verdad sea la que resplandezca. La verdad de unas actuaciones que por el hecho de ser institucionales reclaman y exigen la publicidad necesaria que su misma colectividad presupone.

El momento histórico que a la Obra le toca vivir requiere que sean oídas todas las campanas. Todas las que, conscientes de la responsabilidad de su deber, sean capaces de romper con ataduras y prejuicios. Con la seguridad de que sobre nuestra carencia de despecho o protagonismo personal será la propia historia la que aporte su juicio más objetivo.

Se trata de que no hay ninguna clase de hechos que deban ser escamoteados por quienes dicen trabajar en nombre de Dios, ya que sólo la posibilidad de mirar de frente y limpiamente ampara ese estar en posesión de la verdad.

Toda defensa debe ser aclaración. Que nos cuenten, que nos digan: que nos ofrezcan la evidencia de sus constituciones, que nos muestren y nos desvelen cómo se aprobaron. Que nos dejen conocer la verdad de una manera de actuar de su fundador sin subterfugios ni mitos espectaculares. Que pueda evidenciarse la verdad de unas consignas y de un sistema de vida, sin métodos ni palabras equívocas.

Ahogar el mal en la abundancia del bien, como ellos tanto predican, no creo que sea coherente con el desprestigio a la persona (a mí en este caso) por el hecho de desmerecer de un libro (este mío).

No se entiende cómo, cara a Dios, el prestigio humano sea mayor condición. Como no se entiende que la evidencia de los hechos, de unos y de otros, sea mayor problema, por ejemplo, para una causa de canonización. Lo importante en las personas, como en la historia de las instituciones, no creo que sea el que "les hagan santos" sino el que lo "sean". Y ante una "santidad-santidad" todos los testimonios son válidos, todos.

Si Cristo hubiera buscado su prestigio personal, la redención no hubiera existido.

El hecho de que en este caso de la Obra sea necesario hablar, y hablar todavía bastante, quizá sea precisamente porque los propios que la componen (en sus cargos mayores, lógicamente) han hablado demasiado, han hablado mucho y de formas muy contradictorias. Lo cual necesariamente supone: dejar hablar.

Mi primer contacto con el Opus fue en septiembre de 1943, yo tenía 17 años, mis padres habían pensado que para los estudios que iba a iniciar en Madrid me vendría muy bien estar en una, denominada Residencia Universitaria, en realidad cazadero particular o COTO, para tratar de engrosar las filas de la Obra.

Conocí y traté a muchos personajes de la Obra: E. Alastrue, J. A. Galarra, J. Casciaro, hermanos de La Concha, V. Mortes Alfonso, M. Botas Cuervo, I. Orbegozo y un largo etc., etc., que haría esta carta extensísima caso de pretender citar a todos ellos. Para arrancada de la presente, sólo me resta decir un dato que a mi (17 años) me llamó la atención, aquellos tiempos de racionamiento y cartillas, establecían en el régimen interno de la Obra -Sección Residencia de estudiantes- que los que no éramos del clan, teníamos que llevar nuestras cartillas de racionamiento, y como los de la Obra no las aportaban, según me explicó el director de allí, nosotros como buenos católicos y ejemplares cristianos, debíamos compartir con ellos... "hasta el pan de cada día".., frase que por ser de las primeras que escuché al entrar en la Residencia, se me quedó grabada para siempre. Esta caridad obligada, era una de las voluntades que nos imponían nada más entrar a vivir allí. Buen principio.

A mediados de noviembre del 43, un día me indicó el director de la residencia que por qué no dejaba a mi confesor jesuita, para buscar "otro más cercano, por ejemplo cualquiera que no fuera de dicha orden"; yo le manifesté mi admiración por ellos precisamente por sus trabajos de misión, y por alguno de ellos en particular. El director se limitó a contestarme que "ese jesuita no era sino uno más en la inmensidad del sacerdocio católico", añadiendo... "eso es y será, como él hay muchísimos más"... visión profética del posterior itinerario de tal jesuita, hasta llegar a donde hoy ha llegado. Sin comentarios.

Las cosas empezaban a tomar un cariz incómodo que se iría oscureciendo más y más, a lo largo de aquel curso. A primeros de diciembre, caí enfermo con un fuerte ataque de sinusitis. La verdad es que lo pasé muy mal, la verdad es que fui francamente bien atendido, volcándose en ello todos los de la Obra que allí estaban con actos de abnegación y cariño hacia un estudiante de 17 años, enfermo, difíciles de olvidar. Mi recuerdo cariñoso para M. Boyas Cuervo y Rico Gambarte, que me atendieron y velaron en mis noches de insomnio y dolor, hasta que la enfermedad hizo crisis y empecé a mejorar, y pude venir a mi casa de Bilbao, para las vacaciones de Navidad. Una lástima que después de aquella abnegación que yo pensé y pienso fue de corazón, fue después utilizada para intentar forzarme a entrar en la Obra.

En enero, de regreso del descanso navideño, las cosas empezaron a ponerse más claras: uno de la Obra me cogió por su cuenta para... "leerme la cartilla y explicarme TODO LO QUE YO DEBIA YA A LA OBRA"... incluyendo en esto las atenciones recibidas por parte de ellos, cuando yo estuve enfermo. Esta afirmación me dejó perplejo, hoy sigo pensando que aquello fue dicho sin consentimiento de los que más directamente me habían ayudado en mi enfermedad, aunque uno de ellos, no el más asiduo, fue mi interlocutor. Por lo tanto ya estamos en el clásico punto que busca la Obra, para que de forma voluntaria (?), entren algunos de los muchos que la integran, luego así salen las cosas, y entre esos 70 000 (?) miembros que tiene por el mundo, cantidad de ellos se han valido del Opus como trampolín para sus logros, o como medio de solucionar su porvenir, de una u otra manera. Creo que esto merece una aclaración que voy a tratar de que sea lo más contundente posible, sin meterme en dar ningún nombre concreto, cosa que podría hacer en una entrevista personal.

Por ejemplo, hay un señor, persona inteligente y competente, que lleva años y años, opositando a una cátedra, pero... no vale para opositar; solución: entra en la Obra y... obtiene la cátedra, pasados unos años, si tras sucesivos ascensos llega a la Universidad que él deseaba, sale de la Obra y asunto concluido. El señor X, ha hecho su carrera bien, dentro de lo que sabe, pero no encuentra un puesto de trabajo... solución entra en la Obra, y pasa a ser considerado como una innegable lumbrera dentro de su puesto... sabe de todo, habla, dogmatiza, etc., etc... Años después se le presentan dos alternativas, si sigue en la Obra, seguirá su ascenso, pero si la abandona, de la noche a la mañana, pasa a ser... "un ser rencoroso, despechado, que vino a nosotros como un mendigo, le enseñamos, le preparamos y luego nos paga de esta manera... claro que era de esperar, pues nunca pudo vencer en su lucha con el vicio, mientras estuvo con nosotros se reprimió, pero ahora.., es un mujeriego, borrachín y persona que no merece ninguna clase de confianza. . . ", así ocurría, ocurre y ocurrirá, si no cambian de método, con todo aquel que disiente o se separa de la Mafia que constituye a mi modo de ver, el Opus Dei.

Ejemplos de este tipo podría citar muchísimos, pero debo seguir con mi itinerario dentro del Opus, mejor dicho dentro de la Residencia del Opus. Desde el citado mes de enero, me dieron dos meses para que pensase sobre todo lo que me habían expuesto, llegaron las vacaciones de Pascua, me reservaron el segundo y definitivo asalto, después de mi regreso a Madrid. Me citó otra vez, el mismo señor, con dos acólitos a su lado, por lo visto ya la cosa necesitaba testigos; me insistió para que entrase en un... "aspirantazgo provisional, previo, a mi entrada en el Opus"... se atrevió a interrogarme, recibiendo las contestaciones oportunas, sobre la vida de mi familia, sobre la intimidad del hogar de mis padres, sobre mis amistades, estudios, etc., etc...., dando una gran importancia al epígrafe de... "¿Cuánto me daban en mi casa para mis gastos semanales?" Al negarme a contestarles surgió mi primera sorpresa, estaban al tanto de todo, porque me leían todas y cada una de las cartas que yo recibía de mi casa, "antes de que yo las hubiese leído" incluso habían escuchado conversaciones telefónicas mantenidas con mi padre y con mi casa. Aquello desbordó mi paciencia y los puse de vuelta y media. Manifesté ante sus asombrados ojos, mi repulsa a su sistema, por lo menos en lo concerniente a lo que de forma directa o indirecta había podido ir acoplando en mis meses de Residencia. Confieso que recibí un profundo desengaño, acaso aquello me marcó para siempre con una natural desconfianza para todos y cada uno de los que se escudan en un sistema, más o menos, religioso, que oculta la verdad de sus intenciones. Me demostraron palpablemente, que todos nosotros, los 120 estudiantes estábamos en sus manos, cercados con un espionaje implacable y eficaz, para saber todos nuestros pasos. Ante la realidad de los hechos tuve que recurrir, a partir de aquel día, a recibir las cartas de casa en las oficinas de la Delegación de la Empresa que tenían en Madrid. En cuanto a las conversaciones telefónicas, como entonces era muy difícil el poner una conferencia, avisé a mi padre de lo que ocurría y nos pusimos de acuerdo para intentar averiguar si era cierto TOTALMENTE el escuche telefónico.

Para averiguar esto, convine con mi padre una cierta frase, rogándole que a partir del momento en que yo la pronunciase, se alejara del auricular, pues pensaba dedicar a nuestro oyente unos "cariñosos epítetos.. . ". En la primera conferencia llamada que me hizo mi padre, puse en práctica lo convenido, a partir de la frase... "seguimos teniendo una primavera muy, muy buena"... añadí... "eso a pesar de tener que soportar que un hijo de la grandísima puta nos esté escuchando todo lo que hablamos...". Desde aquel día, finales de abril, el director dejó de. saludarme, y más aún en dos ocasiones estuve a punto de recibir un par de bofetadas de gentes con las cuales no había tenido más que un mínimo trato; me buscaron las vueltas, y me encontraron. Resumen: mientras la cosa fue de uno con uno, nada pasó, pero un día fueron dos contra mí, y tengo un mal recuerdo de un rodillazo en la ingle izquierda... espero que uno de ellos también tendrá un mal recuerdo del cabezazo en el estómago que lo tiró al suelo boqueando... el otro que está corriendo, pero sin cobrar.

Esto dará una idea de los "dulces y caritativos sistemas de la Obra". Como final de mi estancia allí, puedo decirles que cuando salí, me pusieron toda clase de trabas a que sacase mi baúl en un taxi, tuve que dejarlo allí dos días, y cuando, por fin, conseguí sacarlo, comprobé que había sido registrado cuidadosamente, pero no tanto como para evitar el que yo, que lo tenía previsto, no lo notara... un determinado trozo de papel, puesto en un sitio impensado... unas gomas que ataban las cartas de casa, puestas de determinada forma... dos cabos de lana entre las hojas de un Diario que yo entonces escribía... etc., etc.

Cuando regresé a mi casa para unas cortas vacaciones, antes del cursillo de verano, lo primero fue recibir de mi padre una severa amonestación, "por mis palabras de carretero, contra una persona, aunque ésta estuviera escuchando lo que no debía", después la búsqueda de una pensión que me permitiera seguir mis estudios en la capital. Como me habían hablado de las posibles consecuencias de mi enfrentamiento con la Obra, avisé a mi padre de la campaña que pensaba había desencadenado con mi actuación... me quedé cortísimo en todo, aparte de ser jugador, mujeriego, vicioso, etc., etc., llegaron a decir que incluso sabían de buena tinta que robaba cuanto cayese a mi alcance. Tenía entonces 18 años; dentro de la Residencia, muchos y buenos amigos; por ellos recibí la confirmación de que todo esto que me habían dicho no era ni la mitad de la realidad. Llegó el asunto a oídos de mi padre, estaba ya avisado, pero así y todo me dijo: "Caramba con el Opus, han dicho cosas de ti que me están dando ganas de irme a Madrid y decirle dos palabras a Escrivá", convencí a mi padre que no merecía la pena, ya que de siempre he pensado que en esta vida hay que soportar muchas cosas y sobre todo... No hace daño quien quiere, sino quien puede... La campaña contra mi duró bastante tiempo, pero creo que no me quitó ningún amigo de verdad, si alguno dejó de serlo, es que no era un verdadero amigo.

Las cosas del Padre; coincidiendo con las primeras conversaciones de enero, un día entró en mi habitación uno del Opus y me dijo: "Ponte la mejor ropa, y baja a recepción, que hay una persona que quiere saludarte." Llamábamos pomposamente Recepción a una entrada que daba a la escalera de acceso a los pisos de arriba y a la sala de estudio. Cumplí lo que me decían, y bajé para encontrarme con el Padre Escrivá, meliflua sonrisa, impecable sotana, blanquísimo alzacuello, manteo irreprochable, todo un número de lo que, a mi modesto entender, no es un sacerdote humilde. Mentalmente lo comparé a las raídas sotanas de mis jesuitas profesores de Indauchu, a las brillantísimas y repasadas sotanas de otros sacerdotes que conocía, qué diferencia, con la estampa impecable del Padre. Besé su mano derecha con todo respeto, y empezó su interrogatorio, no voy a detallarlo porque seria larguísimo, pero sí debo destacar su dirección para "tratar de averiguar" a cuánta gente con título de nobleza conocía, cada vez que alguno que yo mencionaba, le sonaba rotundo, inundaba su cara un gesto de complacencia y bienestar. Una cosa quedó muy grabada para mí de aquella entrevista; salió el tema jesuitas, hablamos de ellos, su labor, sus asociaciones de antiguos alumnos, etc, etc..., y como final me dijo: "La Compañía de Jesús tuvo una figura destacadísima, el Duque de Gandía, que llegó a Santo... el Opus Dei tiene un Santo que algún día será noble"..., me quedé de piedra sin captar del todo lo que habla dicho, años después el Boletín Oficial del Estado me lo explicó, en él se. establecía la reposición del título de Marqués de Peralta, en favor de José María Escrivá de Balaguer. Total que el Padre había llegado a cumplir su propósito. Esas explicaciones que pretenden dar los de la Obra, sobre que esto era necesario para que el hermano del Padre, tuviera el título de Barón de San Jaime, no me sirven, ni creo servirán a nadie que tenga dos dedos de frente; si él no hubiera querido el título que le correspondía (?), su hermano hubiera podido ser Marqués de Peralta y Barón de San Jaime, el comentario huelga.

En nuestra entrevista me hizo muchas veces alusión a su libro Camino, del cual voy a hacer unos brevísimos comentarios antes de terminar, pero partamos de la base que el primer lema, el lema básico del Opus Dei en su inicio, fueron las siglas DYA, Dios y Audacia, según el punto 11 de Camino la necesitaron Cisneros, Santa Teresa y San Ignacio... y claro también Escrivá que ya era Santo y esperaba ser noble. Mi idea de Santa Teresa y San Ignacio, chocaba con la idea de personas audaces, hoy sigo opinando igual; no creo que el tesón, la humildad y la FE, se corroboren con la palabra Audacia. Sin comentarios.

Sigamos con 'Camino, 10: "No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida", y en contraposición 849: " ¡Hombre! Ponle en ridículo. Dile que está pasado de moda... " 998: "¡Bendita perseverancia la del borrico de noria! Siempre al mismo paso. Siempre las mismas vueltas." ¿Dónde está el ir con la moda que antes ha predicado? 28: "El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo." "¿Ansia de hijos? Hijos, muchos hijos...", y mientras el marido está con sus amigos, la esposa que cargue con sus sucesivas y reiteradas llegadas de chavales a este Mundo; esto lo veo en muchos miembros de la Obra que conozco, hasta el punto que uno de ellos me llegó a decir: "Cuantas más veces hagas el amor con tu mujer, más honrarás a Dios"... pues lo siento mucho, pero no me gusta mezclar la sexualidad con mi idea de DIOS. 44: "Pon la amable excusa que la caridad cristiana y el trato social exigen." Ya está tocando el tema del disimulo, ese disimulo que tanto ha afectado en sus palpables consecuencias de silenciamiento, de actuación solapada, de verdades a medias, a María Angustias Moreno; es el dedo en la haga y yo siempre me hago la misma pregunta:

¿Por qué los miembros del Opus, nunca dicen que pertenecen a la Obra? Las razones que aducen no me convencen, ni pueden convencer a las personas que tengan dos dedos de pensamientos propios y los ejecutan, claro éstos no convienen a la Obra.

Para las personas que lean con detenimiento los "elevados pensamientos de Camino", no dudo verán en él múltiples contradicciones, para los de la Obra no tienen más salida que: "Lo dijo el Padre y basta...", pues para muchos, y yo entre ellos, no basta, ni bastará. Digo y diré lo mismo que pensaba allá por el 43, la idea es buena pero la ejecución es humana, y además mal hecha, además valiéndose de torcidas repulsas, además esquivando verdades y tergiversándolas, además.., y así muchos más ademases de los que son necesarios para una cosa que se llama la Obra de Dios. Obra de Dios es el Universo, Obra de Dios es la Tierra, Obra de Dios es Cristo.., todo lo demás son obras humanas, y como tales sujetas a duras y lamentables equivocaciones.

Esas palabras empleadas en Camino, 49: "niño de... correveidile, encizañador, soplón." 50: ... .preguntón, oliscón y ventanero." 53, aquí ya salta el espíritu de la Obra: "Ese espíritu critico -te concedo que no es susurración- no debes ejercitarlo con vuestro apostolado, no con tus hermanos." Ya ha puesto uno de los pilares básicos del Opus, si hay crítica, ponla ahí, no señor cómetela con patatas, mientras el Padre no indique lo contrario. Voy a terminar para no abrumar con todo lo que de esto puede escribirse.

María Angustias, no desestimes el daño que puedan y van a hacerte; su humildad les ha llevado a controlar muchos caminos de la vida, cuando menos te esperes te darán de palos; pero ten la firme convicción que de tu parte, y comulgando con tus exposiciones estamos muchos, que sin ser de la Obra, esperamos algún día presentarnos ALLÁ y decir Señor pequé, ten misericordia y piedad de mi. Con humildad, con confianza, con espíritu de Cristianos...

Mi recomendación es que todos debían de leer Camino, sabiendo leerlo se explicarían muchas cosas. Las ostentaciones más improcedentes, las exhibiciones más ridículas, las labores preparatorias cada vez que van a fundar una nueva Casa, etc., etc. Medio Bilbao recuerda, cuando vinieron a fundar la Base de Bilbao; se pasaron días y días en el café más céntrico y lujoso de entonces, el León de Oro de la Gran Vía, con un magnífico cochazo a la puerta y pidiendo un whisky cada cinco minutos. Así monta sus shows el Opus. Qué me dicen del que tuvimos ocasión de ver por T.V.E., sobre las "abiertas" interpelaciones del Padre, qué bien preparado y todo, fue una fantasmada de las más gordas que hemos podido presenciar. Estos montajes nos recuerdan aquellos otros de la época 39-75, cuando Franco preguntaba a los "obreros" si estaban contentos con su sueldo y éste les bastaba, hasta que uno contestó: "Sí, señor, estoy contento con mi sueldo y me da para vivir, pero para vivir bien, gracias a una hermana puta que tengo en las Ramblas, y me manda quince mil lupercias todos los meses."
(L L. G. G. Vascongadas.)

Alguien con especial significación e importancia, para poder opinar sobra la Obra, me escribe también como sigue:

Querida María Angustias:

He vuelto a leer tu libro "El Opus Dei. Anexo a una historia", en el cual hay mucha más sustancia de la que puede parecer a la primera lectura, y me considero en el deber de decirte que suscribo todas tus apreciaciones sobre el "espíritu" de la Obra, pues he vivido como tú la mayor parte de las experiencias que relatas y muchas más; tus juicios acerca de los que se van y los que se quedan no pueden ser más certeros, y he llegado también a la conclusión de que nunca nos van a perdonar que hayamos abandonado el instituto y, finalmente, que de si algo me arrepiento es de no haberme ido antes. Pero hay que reconocer, en disculpa de nuestra tardanza, que era muy difícil salir.

Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: "Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio".

Tu libro tiene un alto valor informativo y, dejando aparte algunas benévolas interpretaciones tuyas, es a mi juicio el mejor y más objetivo análisis que se ha hecho de lo que es el Opus Dei por dentro.

Como sé que estás siendo víctima de una campaña difamatoria, te escribo estas líneas por si te sirven de consuelo y como apoyo moral a quien ha tenido el valor -no pequeño- de dar testimonio de la verdad.

(A.P.T. Fue secretario General del Opus Dei)


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